“Just as action can reflect courage, waiting can reflect wisdom”.

- Dan Millman

“Audacity, an aspect of courage, involves taking swift and decisive actions in the face of danger”.

- Charles Hackney

(Nota introductoria: este artículo se lo debo al pésimo humor que he estado cargando desde hace varios días… Por lo visto, la regla se cumple de nuevo: lo malo trae consigo cosas buenas).

ESTA MAÑANA caí en cuenta de algo importante, y no he querido demorarme en escribir al respecto, pese a que en realidad esta vez no tengo mucho tiempo disponible para hacerlo.

Obviamente, este blog, como un todo, habla acerca de mi filosofía ante la vida, filosofía que trato de practicar en todo momento — y digo que trato porque con toda honestidad, a veces incluso a mi me cuesta muchísimo trabajo — y que también me ha dado muy buenos resultados en los procesos de psicoterapia que conduzco.  Más aun, el libro que acabo de publicar, no es otra cosa sino un compendio de esa filosofía de vida traducida en palabras y técnicas prácticas que puedan ser útiles a las personas que decidan leerlo…  Como sea, en mi penúltimo artículo hablé sobre uno de los componentes decisivos de esa filosofía, la obediencia a las cuatro “reglas de la naturaleza”.  Hace un rato releía mis palabras, y mientras que sigo convencido de ellas, y de todo lo que he dicho o asegurado en otros momentos, no he podido evitar percatarme de que en general mi pensamiento podría ser fácilmente enmarcado en lo que llamaría “filosofía de la paciencia”, o “filosofía del aguante”.  Es casi curioso como la mayoría de mis posts giran alrededor de la necediad de tolerar y aceptar la pérdida, de la templanza necesaria para dejar ir todo aquello que no podemos cambiar, o de la indispensable ecuanimidad que debemos desarrollar para enfrentarnos al hecho de que no siempre podemos tener todo lo que queremos.  Todo eso está muy bien… pensé de pronto… pero falta algo, falta-algo.

¡Por supuesto que falta algo!… y es que la vida no solo puede ser esperar, tolerar, aceptar y renunciar… también tiene que ser decidir, tomar riesgos, ponernos en movimiento… ¡Actuar!

Y es que en verdad, no puedo dejar de hacer suficiente hincapié en ello: sin el acto contundente de decidir y de arrojarnos a actuar para conseguir las cosas que queremos y llevar nuestra vida hasta su máximo potencial, es poco, o cuando menos insuficiente, lo que la paciencia en si misma puede ofrecernos.  Créanme, si el algun momento les he mandado el mensaje, tal vez inconscientemente, de que hay que adoptar una posición estoica y aceptar, sin más, que la vida no está en nuestro control, ha sido un enorme y contundente error.  En fin. Veamos si puedo poner en orden mis pensamientos…

La mayoría de los filósofos distinguen entre dos tipos de valor o coraje: el pasivo y el activo.  El mejor representante del valor pasivo es el aguante o la paciencia, mientras que el distintivo del valor activo es el arrojo.  Indudablemente, a veces la acción más valerosa es tener paciencia y aguardar con templanza. Sin embargo, lograr nuestros objetivos, mejorar nuestra calidad de vida, sentir felicidad y satisfacción, y mucho más, por lo general demanda de nosotros actos de valor activo. Actos de arrojo y de acción. Es cierto que muchas cosas que nos ocurren no están en nuestro control… pero todo lo demás, si que lo está.  La economía del país no está en mi control (al menos no al 100%), pero las acciones que debo tomar para mejorar MI economía personal lo están. Los consejos que cualquier miembro de mi familia deciden darme no están en mis manos, pero elegir seguirlos o no por supuesto que lo está.  El que no llegue a mi un ofrecimiento de trabajo que me cambiaría la vida no es algo que puedo provocar directamente, pero emprender la búsqueda en otro lugar, en otro país, en otra ciudad, evidentemente si.  El que la mujer o el hombre que deseo no me acepte definitivamente no depende de mi, ni aun suponiendo que sea un excelente partido… pero ir a otro lugar, acercarme a alguien más… claro que depende de mi.  Las acciones que tomo, por las que me inclino, dependen absolutamente de mi, y de nadie más.  Eso es, justamente, el epítome de la responsabilidad: nadie puede hacerse cargo de mi vida, solo yo… y la única forma en la que puedo hacerme cargo de mi vida es mediante la acción.  Solo la acción pone las cosas en marcha.  La paciencia es buena, claro… pero excederse en ella puede paralizarnos, dejando de ser justamente paciencia y convirtiéndose, más bien, en parálisis.

Ahora veo que en mi vida hay varias decisiones que no he tomado por miedo. Porque según yo, no sé por dónde empezar.  Y ahora que lo pienso mejor caigo en cuenta de algo escencial… ¿y quién me ha dicho que necesito saber precisa y exactamente por dónde empezar? A veces hay que tomar riesgos. Aventarse al ruedo, así sin más. Con prudencia, claro… pero aventarse al fin.  Esperar, sin duda, es cómodo, y seguro… pero también estático.

Así pues, me parece que sería escencial aprender a equilibrar el aguante y el arrojo.  Hay momentos para todo.  A veces tendremos que aceptar lo que ocurre en nuestras vidas, puesto que NO podemos cambiarlo o controlarlo, pero en otras ocasiones deberemos ponernos en acción para acercarnos decididamente a la vida que queremos tener.  La pura aceptación pasiva sin la energía frontal de la lucha y la elección, es pobre y gris y no sirve para mucho.  El arrojo ciego sin la calma de la prudencia y la paciencia, es soberbia, omnipotencia, y a veces, estupidez.

Y si… les dejo un consejo (aunque no me lo hayan pedido): si como en mi caso, llegan de pronto a un punto en sus vidas en el que se sienten con un pésimo humor, molestos e insatisfechos, porque muchas de las cosas que esperaban o deseaban no están ocurriendo… pregúntense QUE ES LO QUE NO ESTAN DECIDIENDO… Porque créanme: a veces la vida, aunque creo que en todo momento intenta proveernos de mucho de lo que necesitamos, regularmente necesita de nuestra ayuda… y nuestras acciones.   Está bien sentirnos frustrados de vez en cuando… pero solo de vez en cuando… Mejor, ¡hay que ponernos en movimiento!

¡Ya me voy! Que se hace tarde… Y por favor, díganme qué opinan sobre todo esto…

Gracias. Cuídense.

J.C.

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