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	<title>El Arte de Fluir</title>
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	<description>Viviendo en Principios.  Con Integridad... En Satisfacción y Plenitud</description>
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		<title>Buscando al amor de tu vida&#8230;</title>
		<link>http://jcantero.wordpress.com/2012/01/23/buscando-al-amor-de-tu-vida/</link>
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		<pubDate>Tue, 24 Jan 2012 02:21:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jcanterol</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[“Cuando lo buscas, no lo encuentras”. Proverbio zen No puedo establecer un porcentaje &#8211; no me he dado a la tarea de calcularlo &#8211;, pero puedo decirles que a la mayoría de mis pacientes deprimidos los une un factor común, y es justamente la soledad. O más precisamente, la soledad de pareja; el deseo apremiante [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jcantero.wordpress.com&amp;blog=7736901&amp;post=141&amp;subd=jcantero&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p><em>“Cuando lo buscas, no lo encuentras”.</em></p>
<p>Proverbio zen</p></blockquote>
<p><strong>No puedo establecer un porcentaje </strong>&#8211; no me he dado a la tarea de calcularlo &#8211;, pero puedo decirles que a la mayoría de mis pacientes deprimidos los une un factor común, y es justamente la soledad. O más precisamente, la soledad de pareja; el deseo apremiante de tener a alguien a quien amar, y para quien, a su vez, ellos sean ese mismo deseo, ese mismo amor. Algunos tienen 35 años, otros 36, algunos más 40, e incluso unos pocos están en la década de los 20, la cuestión es que todos se mantienen “en la búsqueda” por el amor de sus vidas. Pasan por desengaños, intentándolo cuantas veces les sea posible, van a bares, entran a páginas de internet, navegan <em>facebook</em>, le piden a sus amigos que les presenten otros amigos, ingresan a gimnasios, a cursos de inglés, de francés, de cocina&#8230; y el resultado siempre es el mismo: desamparo. <em>¿Dónde está? ¿Por qué no lo encuentro?</em> Y en no pocas ocasiones, cuando creen que lo han hallado, y sin embargo se acaba, la pregunta se convierte en un <em>¿por qué no se quedó? ¿qué hice mal? ¿o qué hizo el/ella mal?&#8230; </em></p>
<p><strong>Vamos por partes</strong>. En realidad, no creo que exista un ser humano que no necesite la compañía de una pareja, y muchísimo menos, de su amor. De la vida, la psicoterapia, el psicoanálisis, y el <em>Tao</em>, he aprendido que el mundo parece estar construido en pares u opuestos complementarios, y de ahí a la simple deducción de que todos requerimos de la compañía de alguien más, se llega fácil. Dicho así, y <strong>visto</strong> así, no debería haber razón alguna por la que la búsqueda del amor de nuestras vidas no debería ser el objetivo más importante de nuestra existencia, pues se trata de la vía, por excelencia, de alcanzar la felicidad, ¿cierto?</p>
<p><strong>No. Creo que no,</strong> porque para empezar, buscar al “amor de nuestra vida” es un gravísimo error, primero que nada, de definición. Pero antes de detallar eso (que mejor voy a dejar para el final), hay otra cosa, más importante.</p>
<p><strong>No solo no soy fan de John Lennon, ni de los Beetles,</strong> sino que ni siquiera me gustan sus canciones&#8230; pero ineludiblemente, en este tema, él lo dice mucho mejor, y con más elocuencia, de lo que lo haría yo en mis mejores días, y al genio hay que reconocerlo: <em>“They made us believe that each one of us is the half of an orange, and that life only makes sense when you find that other half. They did not tell us that we were born as whole, and that no-one in our lives deserve to carry on his back such responsibility of completing what is missing on us: we grow through life by ourselves. If we have a good company it’s just more pleasant.”</em> Este, pues, es el meollo de nuestro artículo, la razón por la que decidí escribirlo.</p>
<p><strong>El amor de otro ser humano es una necesidad</strong>, y si, puede ser un complemento, un apoyo, un alivio en los malos ratos y alegría en todos los demás, pero en ningún momento he dicho &#8212; ni ninguna teoría psicológica seria que conozca &#8211;, que estamos incompletos, que otra persona es la única responsable de llenar nuestros huecos, y que solo al lado de alguien que nos quiere podemos vivir la vida a plenitud. En cambio, la forma en la que hoy por hoy se busca a la pareja pareciera seguir justo esa dinámica; la dinámica impuesta por cientos de canciones y poemas bonitos, pero en última instancia, absolutamente irracionales: “sin ti, me muero”, “sin ti no soy”, “la vida no tenía sentido hasta que llegaste tu”, etc., etc. Lennon estaba en lo correcto: no somos mitades. Somos completos, estamos completos, y es justamente porque <em>nos percibimos</em> incompletos, que buscamos afuera, incesantemente, lo que creemos que no tenemos, o somos, nosotros mismos. <strong>Es, también, la razón por la que no lo encontramos.</strong> Tanto nos esforzamos por que alguien nos llene, que dejamos de hacer lo necesario, primero, por sentirnos llenos, felices, satisfechos. Tanto buscamos que alguien cubra lo que nosotros deberíamos haber cubierto antes, que nunca nadie lo logra.  Y sobre todo, tanto buscamos que alguien nos de, que perdemos de vista que al amor se le encuentra <strong>dando</strong>.</p>
<p><strong>Al amor se le encuentra dando&#8230;</strong></p>
<p><strong>Así que haríamos bien en dejar de pedir, en dejar de exigir.</strong>.. a la vida, a dios, al universo, a los otros, que nos ponga a la pareja en nuestro camino, que cubra todos nuestros huecos, y en cambio, ocuparnos en hacer lo que amamos,  y al hacerlo, dar un poco, dejar un poco de nosotros, allá afuera. En enriquecer nuestra vida&#8230; En ocuparnos, en servir. En perseguir nuestra pasión y hacer de nuestra vida algo mejor cada día. Cuando perfeccionemos nuestro espíritu, nuestra consciencia, y nos encontremos haciendo lo que nos llena y nos hace sentir íntegros, útiles, completos y felices, entonces y solo entonces, tendremos la paz suficiente para volver la vista a nuestro alrededor y percatarnos de que hay mucha gente, ahí, que puede amarnos, y que muy probablemente éramos nosotros los caprichosos, los hambrientos, los insaciables. Entonces podremos abrir los brazos, y recibir, justamente porque hemos dejado de buscar. Lo que nos complementa no es lo que llena los huecos que creemos tener. Lo que complementa es lo que acompaña, asiste, y enriquece, y a eso no se le puede encontrar “buscándolo”, sino, por el contrario, caminando el camino, por donde hay otros, como nosotros, que también caminan, en la misma dirección, y a los que les encantaría que les hiciéramos compañía.</p>
<p><strong>Y ya por último&#8230; </strong>“el amor de nuestras vidas” solo se encuentra cuando somos viejos, muy viejos, y estando al lado de la persona que nos ha acompañado hasta el borde de la muerte, alzamos la vista y le decimos “ah, sigues aquí&#8230;”. El amor de nuestra vida lo es porque ha estado con nosotros <strong>toda la vida</strong>. Si alguien no está a tu lado ahora, en este momento, es porque no <strong>es</strong> el amor de tu vida. Así que deja de pedir algo que no tienes razón de tener, y ocúpate en cultivarte a tí mismo. Lo demás, llega a su debido tiempo.</p>
<p>JC</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/jcantero.wordpress.com/141/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/jcantero.wordpress.com/141/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/jcantero.wordpress.com/141/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/jcantero.wordpress.com/141/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/jcantero.wordpress.com/141/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/jcantero.wordpress.com/141/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/jcantero.wordpress.com/141/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/jcantero.wordpress.com/141/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/jcantero.wordpress.com/141/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/jcantero.wordpress.com/141/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/jcantero.wordpress.com/141/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/jcantero.wordpress.com/141/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/jcantero.wordpress.com/141/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/jcantero.wordpress.com/141/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jcantero.wordpress.com&amp;blog=7736901&amp;post=141&amp;subd=jcantero&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Qué difícil es poner atención</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Oct 2011 17:56:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jcanterol</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Qué difícil es estar aquí y ahora</strong>.  En cambio, es increíble qué fácilmente la mente se dispersa, se distrae, y se enfoca en el pasado o en el futuro; en lo que se hizo y en lo que no, en lo que se espera y lo que no. Esto es algo que le digo a mis pacientes constantemente, “ten presencia, el presente es donde debes estar”, cuando a menudo yo mismo divago bastante. Es la tendencia natural de la mente, supongo. Y responde a una necesidad biológica, adaptativa: anticipar para evitar malestares futuros, recordar para no cometer errores o infracciones pasadas. Y sin embargo, nos perdemos de tanto cuando nos rendimos a uno u otro…</p>
<p><strong>Esta mañana amanecí de malas</strong>. Dormí poco y me sentía muy cansado. Esa sensación de picazón en los ojos, letargo en las reacciones, y neblina en el pensamiento, es de las experiencias que más me molesta en el mundo. Pero el daño estaba hecho: nuestros perros decidieron tener una “amena discusión” a las 5:30 a.m., y después de la faena poca posibilidad de conciliar el sueño quedaba. Sin nada mejor que hacer, mi esposa y yo nos levantamos a desayunar.</p>
<p><strong>Mientras ella confeccionaba unos huevos revueltos con verduras, y yo ponía la cafetera,</strong> empecé a percibir cómo el enojo se apoderaba más y más de mí. Un enojo gruñón, quejoso, fastidiado. “Estoy de malas”, le digo, y ella me mira sin decir nada, aunque sus ojos explican todo “no me digas…”. En fin, que saludo a uno de los caninos acariciándolo con el pie, me siento a la mesa, y doy el primer bocado. Entonces ocurre la cosa más interesante…</p>
<p><strong>El sabor me alivia. Comer, en realidad, me gusta.</strong> Y esos huevos con verduras que cocina mi esposa, son muy ricos. Es de lo más simple: 4 huevos, dos sin yema, tomate – o jitomate, como decimos aquí &#8211;, cebolla, pimiento, y tan tán. Pero eso basta. Es <em>suficiente</em>. Luego doy un sorbo al café, caliente, cremoso, en un punto preciso de amargor y dulzura, y el alivio aumenta. “Espera un segundo”, me recuerdo. “Estás enojado… ¿o no?”. Si, pero ahora lo veo claramente: solo porque <em>quería</em> mantenerme así. Y eso es, exactamente, una de las cosas que hace más difícil el ejercicio de poner atención: la in-voluntad de hacerlo. La negatividad. O dicho de otra manera, nuestra insistencia de permanecer…</p>
<p><strong>La vida está en constante cambio. Nada, absolutamente nada, permanece</strong>. No es que no siguiera cansado, en realidad aun me escuecen un poco los ojos, pero la realidad es que el desayuno, el café, la compañía de mi esposa, los perros caminando a pasos rápidos a nuestro alrededor, eran el presente – ahora lo es otra taza de café y las teclas de la computadora &#8211;, un agradable presente, el cual yo estaba, consciente y voluntariamente, eligiendo perderme, porque parecía más natural estar enojado. ¿No les parece absurdo? ¿O necio hasta la ridiculez?</p>
<p><strong>Pues así. Poner atención empieza ahí</strong>, en la intención de hacerlo. En la decisión de abandonar la permanencia. Fluir es estar, y estar es poner atención a este minuto, a este instante. Todos estamos viviendo la vida, <em>justo ahora</em>. Eso es algo de lo que no vale la pena perdernos (recuérdenme contarles en otra ocasión cómo dejé pasar la única oportunidad que probablemente tenga en mi vida de ver el Delorean de Volver al Futuro…).</p>
<p>O podemos permanecer enojados. Al fin y al cabo, tenemos derecho… ¿no?&#8230;</p>
<p>JC</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/jcantero.wordpress.com/123/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/jcantero.wordpress.com/123/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/jcantero.wordpress.com/123/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/jcantero.wordpress.com/123/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/jcantero.wordpress.com/123/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/jcantero.wordpress.com/123/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/jcantero.wordpress.com/123/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/jcantero.wordpress.com/123/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/jcantero.wordpress.com/123/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/jcantero.wordpress.com/123/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/jcantero.wordpress.com/123/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/jcantero.wordpress.com/123/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/jcantero.wordpress.com/123/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/jcantero.wordpress.com/123/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jcantero.wordpress.com&amp;blog=7736901&amp;post=123&amp;subd=jcantero&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>Capítulo 2. Miedo y Angustia (fragmento)</title>
		<link>http://jcantero.wordpress.com/2011/03/29/capitulo-2-miedo-y-angustia-fragmento/</link>
		<comments>http://jcantero.wordpress.com/2011/03/29/capitulo-2-miedo-y-angustia-fragmento/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 30 Mar 2011 05:19:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jcanterol</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[(Aquí les dejo, como llevo un buen tiempo prometiéndoles ya, un fragmento, muy pequeño, del libro que estoy escribiendo justo ahora. Se trata del primero de varios que habré de postear en el blog. Todo comentario es bienvenido&#8230;) “No hay terror en el ‘bang’, solo en la anticipación de éste”. - Alfred Hitchcock “Todo aquel [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jcantero.wordpress.com&amp;blog=7736901&amp;post=116&amp;subd=jcantero&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>(Aquí les dejo, como llevo un buen tiempo prometiéndoles ya, un fragmento, muy pequeño, del libro que estoy escribiendo justo ahora. Se trata del primero de varios que habré de postear en el blog. Todo comentario es bienvenido&#8230;)</strong></p>
<blockquote><p><em>“No hay terror en el ‘bang’, solo en la anticipación de éste”.</em></p>
<p><em>- Alfred Hitchcock</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>“Todo aquel cuya meta sea ‘algo superior’ debe esperar algún día sufrir vértigo. ¿Qué es el vértigo? ¿Miedo a la caída? No. El vértigo es algo diferente a miedo a la caída. El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer, del cual nos defendemos aterrados”.</em></p>
<p><em>- Milan Kundera (La Insoportable Levedad del Ser)</em></p></blockquote>
<p>Enfrentar al miedo y sus efectos supone en realidad enfrentarse a una elección, es decir, a la elección de luchar con valor o no. Pero optar por la lucha solo es posible cuando existe un para qué genuinamente valioso que nos llame a renunciar a la comodidad y a exponernos a una considerable dosis de dolor – tan intensa como lo sea la magnitud de la amenaza supuesta o genuina que debamos encarar –.  Sin ese para-qué, que en esencia constituye el bastidor de nuestro carácter, luchar resulta un sacrificio tan intenso que ni siquiera se le concibe meritorio, quedando como alternativa “racional” solo la parálisis, la indefensión, y la espera; espera de que más tarde o temprano, eso que nos amenaza remita o se retire, convencidos de que no existe nada que podamos hacer para vencer. Al fin y al cabo, la huída y la parálisis no son sino nuestras reacciones naturales ante el grito urgente de nuestra mente que nos alerta del peligro, sin importar si está equivocada en su juicio o no. Luchar contra lo que atemoriza exige un esfuerzo adicional, una desobediencia consciente de nuestra naturaleza humana, y eso nos sacude, nos importuna. Sin embargo, no existe otro remedio. Por eso es que me he referido a ello como una elección y nada más. Tener miedo, usualmente, es someterse a la obviedad de nuestra supervivencia: evita el peligro. Ser valeroso en cambio, es rebelarse, y toda rebelión debe ser una decisión personal. No se puede imponer o sugerir. O bien se cree en ella o no. Lo mismo ocurre con el espíritu, y el carácter. Pero vayamos por partes, porque siguiendo la tónica expuesta pareciera que el miedo debe ser descalificado y devaluado por su perfil ruin y espantoso. Nada más lejos de la realidad. El miedo, como todas las emociones, es útil, y debe tener un lugar hegemónico en nuestra conciencia. Recordemos en todo momento que, en su forma más elemental, el miedo tiene por objeto alejarnos de todo aquello que puede dañarnos, y eso es una buena cosa. Nadie, créanme, obtiene beneficios o ventajas arriesgándose innecesariamente o emprendiendo acciones temerarias sin valor virtuoso añadido. Cuando el miedo es razonable, basado en peligros genuinos, conviene obedecerlo. Cuando no, la elección debería ser enfrentarlo. Pero, ¿cómo distinguir entre una posibilidad o la otra, cuando como hemos visto, justamente quien nos engaña, es la parte de nuestro cuerpo encargada del pensamiento racional, es decir, nuestro cerebro, y en lenguaje metafórico, nuestra mente? Apelando a posibilidad de ver el mundo con objetividad, y para eso, hay que tener conocimiento. Así que empecemos por ahí.</p>
<p>Hay que insistir en ello: el miedo es favorable. Sin él, el hombre, como cualquier otro animal, se pasaría la vida – y sería corta, sin duda – exponiéndose a peligros que bien podría evitar con poca dificultad o esfuerzo. Al ser una señal de alerta, nos ayuda a sobrevivir en un mundo lleno de riesgos. En realidad es tan malo no tener miedo en lo absoluto como lo sería tenerlo en exceso, o peor aun, temer a las cosas equivocadas.</p>
<p>Pero ¿qué es, en concreto, el miedo? El DRAE sugiere que se trata de una “perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario”. Como de costumbre, la definición del diccionario es tan breve y escueta, que me deja con un regusto de insatisfacción, con todo y que es correcta. Remitámonos pues a S. Rachman, que en su libro “Anxiety”<a href="/Users/Jorge/Documents/My%20Dropbox/TU%20INQUEBRANTABLE%20ESPIRITU/Tu%20Inquebrantable%20Esp%C3%ADritu%20final.docx#_ftn1">[1]</a>, nos ofrece una visión mucho más completa tanto del miedo como de la angustia. En sus palabras, “estrictamente, el término miedo es usado para describir una reacción emocional a un daño percibido específico – a una amenaza que es identificable, como podría ser una serpiente venenosa. La mayoría de las reacciones de miedo son intensas y tienen una calidad de <em>emergencia</em>. Los niveles de excitación de la persona se elevan. El miedo tiene un enfoque específico. Típicamente, es episódico y disminuye o cesa cuando el peligro es removido de la persona o la persona del peligro. En este sentido, el miedo es controlado o determinado por eventos o estímulos perceptibles. La fuente percibida del peligro puede ser correcta o incorrectamente identificada, o correctamente identificada pero incorrectamente evaluada. <em>El miedo puede ser racional, o irracional</em>” (itálicas con mías).  Ahora bien, aunque la definición es completa, y posee casi todos los elementos que necesitamos tener en cuenta para poder comprender cabalmente al miedo, hay un detalle que Rachman deja fuera, y es indispensable recalcar. Ya lo hemos hecho antes, pero conviene hacerlo de nuevo: el miedo, a diferencia de las demás emociones, que son de orden reactivo – esto es, se activan en contacto con el estímulo –, es de orden anticipatorio. Para que sea realmente funcional, el miedo debe echarse a andar <em>antes</em> de que la persona sea dañada. Se siente miedo ante la presencia de una pistola no por el arma en sí, sino por la anticipación del disparo, y sobre todo, del dolor o la muerte. Se siente miedo ante un animal salvaje no por su presencia, sino por la anticipación de su ataque y su mordida. El miedo debe cumplir con la labor de prever, pues de lo contrario pierde su eficacia y la persona entra, genuinamente, en riesgo, exponiéndose al dolor, el sufrimiento, la muerte, o forzándose a hacer algo al respecto. Por lo tanto, al lector le quedará completamente claro que el miedo, como tal, es imprescindible.</p>
<p>La angustia, sin embargo, no lo es.</p>
<p>Volvamos a Rachman, que en su definición de angustia<a href="/Users/Jorge/Documents/My%20Dropbox/TU%20INQUEBRANTABLE%20ESPIRITU/Tu%20Inquebrantable%20Esp%C3%ADritu%20final.docx#_ftn2">[2]</a> si denota el necesario carácter previsorio que le distingue: “Angustia es la tensa anticipación de un evento amenazante pero vago; un sentimiento de suspenso intranquilo. Es un efecto negativo tan cercanamente relacionado al miedo, que en muchas circunstancias los dos términos son intercambiados […]. Cuando siente angustia, la persona tiene dificultad en identificar la causa de su intranquila tensión, o la naturaleza del evento o desastre anticipado. El sentimiento puede ser desconcertante para la persona que lo experimenta. En su forma más pura la angustia esa difusa<em>, sin objeto, displacentera y persistente</em> […]. Parece estar presente, como en el fondo, casi todo el tiempo […]. La angustia es un estado de vigilancia aumentada en lugar de una reacción de emergencia<a href="/Users/Jorge/Documents/My%20Dropbox/TU%20INQUEBRANTABLE%20ESPIRITU/Tu%20Inquebrantable%20Esp%C3%ADritu%20final.docx#_ftn3">[3]</a>” (las itálicas nuevamente son mías).</p>
<p>Como verán, aunque puesta en palabras parece sutil , la diferencia entre miedo y angustia es enorme. El miedo es concreto y la angustia no. El miedo responde a un estímulo específico, y la angustia, en cambio, puede ser producto, bueno… <em>de cualquier cosa</em> que se perciba o se juzgue amenazante. Es por eso, justamente, que si el miedo es terrible y penoso, la angustia, además de serlo también, es una de las experiencias más terribles e incapacitantes que existan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Biología del miedo y predisposición natural</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por fortuna, o por desgracia, depende como decidan juzgarlo, la genética si participa en la forma en que experimentamos el miedo, y es por ello que debemos regresar temporalmente al terreno de la neurofisiología.</p>
<p>Como recordarán, muy a grandes rasgos, las emociones encuentran su génesis es la región subcortical de nuestro cerebro, en el sistema límbico. Pues bien, como consecuencia, sentir miedo tiene mucho que ver con qué tan predispuestos estamos a ello o no, y estamos más predispuestos de lo que tal vez crean.</p>
<p>Hemos hablado de la valentía y de la necesidad de luchar con valor para poder enfrentarse al miedo y a la angustia. Sin embargo, a veces la trama se complica y hay que tomarlo en cuenta. Veamos un ejemplo. Existe una variedad específica del gen que controla la transportación de la serotonina – un neurotransmisor típicamente asociado a los estados de ánimo depresivos, ansiosos y al trastorno obsesivo-compulsivo –, el cual elimina el químico transmisor de la sinapsis una vez que esta se ha completado. Pues bien, las personas con una variante vulnerable de este gen son mucho más sensibles al estrés que las que no cuentan con tal vulnerabilidad, de modo que la presencia de ciertos estímulos les afectan mucho más que a otras personas que simplemente no tendrían una reacción tan intensa frente a ellos. Más aun… contar con un familiar que ha padecido algún trastorno de ansiedad en el pasado multiplica por cinco la posibilidad de presentar ese mismo trastorno. Y estos son apenas dos datos de los muchos que pueden encontrarse en la literatura. Créanme: la genética influye, y mucho… pero no es absoluta, y gran parte de la investigación reciente apunta a que la educación y los hábitos son fuerzas rectoras en nuestro comportamiento más pujantes que las predisposiciones genéticas<a href="/Users/Jorge/Documents/My%20Dropbox/TU%20INQUEBRANTABLE%20ESPIRITU/Tu%20Inquebrantable%20Esp%C3%ADritu%20final.docx#_ftn1">[5]</a>.</p>
<p>El miedo se genera en la amígdala. La posibilidad de ser dañados, o la experiencia de ese daño, generan un aprendizaje que, al estimular la amígdala, genera miedo. La amígdala, a su vez, estimula el hipotálamo, que controla la respuestas corporales del estrés, y éste termina por activar el sistema nervioso simpático y la liberación de las hormonas glucocorticoides del estrés. Ya sea que se trate del miedo, o la angustia, ambas siguen una misma ruta neural y fisiológica. Es por ello que ante ambas experiencias, las respuestas corporales son semejantes o idénticas. La amígdala, por su naturaleza y función, es rápida, pero no precisa. Recibe información directamente de los sentidos. La corteza prefrontal, sin embargo, es mucho más lenta y precisa, puesto que es la encargada de evaluar el peligro e inhibir la respuesta de miedo si es que “juzga” que no hay nada qué temer o que constituya una amenaza real.</p>
<p>Si bien recuerdan, en un momento no hace mucho les dije que quien nos engaña en la batalla contra el miedo, la angustia y sus derivados, es el cerebro. En realidad, fui vago. Quien nos engaña es la corteza superior, la maquinaria evaluadora de nuestro motor. Y es que en justicia, la <em>evaluación</em> es todo: según ésta se juzgará a un estímulo como peligroso o no, y eso opera en una dirección u otra: los miedos a veces se desestiman, y otras veces se exageran. Rara vez damos cabalmente a las amenazas el lugar y magnitud que genuinamente les corresponde. Ya sea por predisposición genética o por educación y experiencia, lo que distingue al miedoso del valiente, en si, es la forma en que evalúa la multitud de peligros que le rodean; el valor simbólico que les asigna. José Antonio Marina se pregunta, varias veces, si “…¿el peligro es un dato objetivo o depende de la medrosidad del sujeto?”. Si fuéramos un perro o un gato, podría responderles que es un dato objetivo. Pero no somos uno ni otro, somos seres humanos… Y para nosotros, el peligro, por horrible que suene, depende de la medrosidad del sujeto.</p>
<p>Primero ocurre el estímulo desencadenante, que al ser evaluado como peligroso provoca las sensaciones desagradables y tensas a las que se refiere Rachman en sus descripciones. El miedo o angustia anticipatorios provocan las reacciones naturales de evitación o huída, y al final el ciclo se corona con la retroalimentación que nos llevará al aprendizaje: a distinguir a qué debemos temer y a qué no, aprendizaje vital para sobrevivir, pues gracias a él evitamos todo aquello que pudiera causarnos severo dolor y hasta daño físico o la muerte. Este proceso, pese a su enorme eficiencia – finalmente seguimos siendo una de las especies dominantes del planeta – es imperfecto y cuenta con numerosos “problemas técnicos”. Como hábiles programadores en busca de fallas en los sistemas operativos que desarrollan las grandes compañías de software, nuestra labor será encontrar esos problemas e ir modificando el cúmulo de aprendizajes hasta que nuestras evaluaciones se acerquen lo más posible a la objetividad, o como dirían los psicoanalistas, al “juicio de realidad&#8221;.</p>
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<p><a href="/Users/Jorge/Documents/My%20Dropbox/TU%20INQUEBRANTABLE%20ESPIRITU/Tu%20Inquebrantable%20Esp%C3%ADritu%20final.docx#_ftnref1">[1]</a> Rachman, S. (1998). Anxiety. Ed. Psychology Press</p>
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<p><a href="/Users/Jorge/Documents/My%20Dropbox/TU%20INQUEBRANTABLE%20ESPIRITU/Tu%20Inquebrantable%20Esp%C3%ADritu%20final.docx#_ftnref2">[2]</a> En su caso, se refiere a ella como <em>ansiedad </em>(anxiety). Regularmente, ambas palabras se usan como términos sinónimos, aunque no lo sean. Debemos recordar que la palabra angustia, aunque si existe en inglés (anguish) no tiene la misma connotación en psicología que su contraparte española, mientras que anxiety si transmite idéntico significado que angustia.</p>
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<p><a href="/Users/Jorge/Documents/My%20Dropbox/TU%20INQUEBRANTABLE%20ESPIRITU/Tu%20Inquebrantable%20Esp%C3%ADritu%20final.docx#_ftnref3">[3]</a> Ibid.</p>
<p><a href="/Users/Jorge/Documents/My%20Dropbox/TU%20INQUEBRANTABLE%20ESPIRITU/Tu%20Inquebrantable%20Esp%C3%ADritu%20final.docx#_ftnref1">[5]</a> El psicólogo Oliver James, en su libro “They F*** you up” (2002), realiza un compilado genuinamente impresionante sobre la investigación reciente en ese tema, y demuestra de manera contundente que, en muchos casos, la educación y la experiencia sobrepasan a la genética. No se dejen engañar por el título, por vulgar que sea. La obra verdaderamente vale la pena. A aquellos que les interese el debate “Nature v. Nurture” les resultará imprescindible.</p>
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		<title>Entrenando en la Inmensidad del Vacío</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Mar 2011 21:38:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jcanterol</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;I don’t train to lose weight or look good. I don’t train to beat anyone or impress anyone. I don’t train for bigger muscles or a six-pack. I train because I love it. And because it’s my life&#8220;. - Leo Babauta http://zenhabits.net/train/ [Breve glosario, antes de empezar: kata- forma. Conjunto de movimientos coordinados y secuenciales [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jcantero.wordpress.com&amp;blog=7736901&amp;post=108&amp;subd=jcantero&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>&#8220;<em>I don’t train to lose weight or look good. I don’t train to beat anyone or impress anyone. I don’t train for bigger muscles or a six-pack.</p>
<p>I train because I love it. And because it’s my life</em>&#8220;.</p>
<p>- Leo Babauta</p>
<p>http://zenhabits.net/train/</p></blockquote>
<p style="text-align:center;"><a href="http://jcantero.files.wordpress.com/2011/03/20110321-095957.jpg"><img class="size-full aligncenter" src="http://jcantero.files.wordpress.com/2011/03/20110321-095957.jpg?w=460" alt="20110321-095957.jpg"   /></a></p>
<p>[Breve glosario, antes de empezar: <em>kata</em>- forma. Conjunto de movimientos coordinados y secuenciales que sirven como práctica para la mayoría de las artes marciales tradicionales. <em>Bokken</em>- espada de madera que simula la forma, tamaño y peso de una katana o sable japonés, empleado para entrenamiento. <em>Iaido</em>- arte marcial japonés en el que se aprende el uso de la katana; su desenvaine, corte y envaine. <em>Iaito</em>- espada de entrenamiento semejante a una katana, pero sin filo, hecha de una aleación de aluminio en lugar de acero.]</p>
<p><strong>Es antes del medio día. Eso, al menos, me queda claro</strong>. La posición del sol me lo sugiere. No lo sé con precisión porque no llevo reloj; no por ahora. Y si lo llevara, tampoco trataría de verlo. No estoy pensando en lo que pasó en la mañana ni en lo que voy a hacer por la tarde. No estoy pensando en quién me ve y quién no. Tampoco estoy pensando en la calidad de mis movimientos, si son correctos o hay fallas. La realidad es que solo estoy pensando en mi respiración, en la tensión controlada de mis manos y mis brazos, y el movimiento de mi cuerpo, que se desplaza hacia el frente, hacia atrás, hacia los lados, siguiendo el flujo natural de la kata que está creándose, casi por si misma, en ese momento. Subo el bokken, preparándome para hacer un corte vertical al frente, y espero. No sé exactamente qué, pero espero. Tres respiraciones, ligeras, y de pronto el mundo estalla. Con un grito dejo caer la hoja del arma y el trabajo queda finalizado. Viene la calma. Me echo hacia atrás, y con toda la sencillez que puedo, limpio y envaino el bokken, que durante toda esa maniobra se ha convertido en parte de mi ser. En un símbolo de mi alma. Solo entonces, &#8220;regreso&#8221; a la normalidad y vuelvo a pensar en el tiempo, en el espacio, en lo que está bien y lo que está mal. No obstante, cierro los ojos, vuelvo a poner atención consciente en mi respiración, y poco a poco esa normalidad conocida se va de nuevo. Me pongo en posición, firme, mirando al frente, y desenvaino de nuevo el bokken. Una nueva kata acaba de empezar.</p>
<p><strong>Lo que acabo de contarles es la forma en que tradicionalmente entreno.</strong> La descripción de uno de varios instantes que, sumados, formaron parte de mi práctica personal de iaido del día de ayer. No, no asisto a clase. No voy a un dojo, y por lo pronto, no tengo Sensei. No lo hago porque me lo ordenan, porque tengo que hacerlo, porque tengo que cumplir con un horario, o porque tengo necesidad de hacerlo. No quiero agradar o impresionar a nadie, y como dice la cita con la que abro este post, tampoco tengo deseos de competir o demostrar de qué soy capaz. Diablos&#8230; Ni siquiera tengo compañeros de entrenamiento. Lo hago, todo, absolutamente solo. Lo hago porque quiero, porque me fascina, porque me hace bien. Y esa es mi única razón. Entrenar me ayuda a fluir. A conectarme con el presente y conmigo mismo. No hay metas, no hay objetivos, no hay &#8220;deadlines&#8221;, no hay premios o castigos. Si no practico esa mañana no siento culpa, pero si entreno tampoco experimento orgullo arrogante. Tomo las cosas como son, como van, y yo voy con ellas. Pero eso si&#8230; Entreno; entreno siempre que puedo. Entreno en casa, entreno en el estacionamiento del consultorio &#8212; tengo un iaito justo aquí, enfrente de mi &#8211;, entreno en el terreno que solemos visitar los fines de semana. Lo hago constantemente, con disciplina, y se nota. Mi cuerpo, pero sobre todo mi espíritu, lo nota. Porque estoy en calma, estoy tranquilo&#8230; Y todo va bien. No, no se trata de decirles &#8220;¡Hey! Hagan como yo&#8230; ¡Mi ejemplo es el bueno!&#8221;. Eso sería fanfarrón. Pero si se trata de explicarles lo que a mi me funciona, esperando tal vez que algo de todo ello también pueda servir para ustedes.</p>
<p><strong>Como sea, el asunto es que, con cierto desconsuelo</strong>, cada vez veo más gente que entrena, que hace el ejercicio que sea, del mismo modo que hace todo lo demás: con miedo. Van al gimnasio porque &#8220;tienen&#8221; que hacerlo. Porque &#8220;tienen&#8221; que quemar esa grasa, porque &#8220;deben&#8221; verse bien, porque les &#8220;urge&#8221; que esa ropa les quede, porque el doctor les dijo que tienen sobrepeso y su salud está en riesgo. Lo hacen porque están preocupados, porque creen que no son suficientemente buenos, y solo lo serán si hacen lo que se espera de ellos, insisto, como todo lo demás (lo mismo con el coche, con la ropa, con el trabajo, con el depa, con los amigos, con el alcohol, etc., etc.). ¿Qué pasaría, piénsenlo bien, si todos, en lugar de estar pensando en las metas que queremos cumplir, y más que eso, en las cosas horribles que queremos evitar, pudiéramos concentrarnos, aunque sea por una hora al día, en hacer las cosas porque si? ¿Porque hacerlas es bueno, y ya? ¿Porque hacerlas me hace feliz, y ya? ¿No seria todo mucho más sencillo? Yo creo que si. Al menos la presión, el estrés, se iría al demonio&#8230; Y eso es algo que vale la pena.</p>
<p><strong>Pasamos demasiado tiempo en el pasado</strong>, reprochándonos lo que no hicimos y sintiéndonos mal por ello, y demasiado tiempo en el futuro, fijándonos metas y objetivos que, la mayoría de las veces, nunca se logran al 100%, experimentando la angustia y ansiedad de la anticipación, la preparación, el control. Así no se puede tener paz de espíritu, no se puede ser feliz. Hay mucho deber y muy poca consciencia. ¿Que pasaría si, al entrenar &#8212; o para el caso, hacer cualquiera de las cosas que usualmente hacemos con regularidad &#8212; pudiéramos estar al pendiente de este momento, responzabilizarnos solo de él, no de lo que vino o vendrá, y fundirnos por completo en él? ¿No creen que lo gozarían con mayor plenitud? Y más aun&#8230; ¿No creen que lo aprovecharían mejor? Yo creo que si. Eso es lo que me ocurre cuando entreno&#8230; Y cuando dibujo, y cuando escribo &#8212; como ahora&#8230; No sé ni qué hora es &#8211;, y cuando platico con mi esposa&#8230; Eso es lo que me ocurre cuando me permito estar, plena y totalmente, en el presente&#8230; Que de hecho es el único lugar real en donde estamos. El pasado y el futuro no existen. Son estados mentales. ¿Lo habían visto así? Son irreales. Pero si pasamos mucho tiempo ahí, nos perdemos del momento, nos perdemos del presente. Y eso es una lastima.</p>
<p style="text-align:center;"><a href="http://jcantero.files.wordpress.com/2011/03/20110321-033622.jpg"><img class="size-full aligncenter" src="http://jcantero.files.wordpress.com/2011/03/20110321-033622.jpg?w=460" alt="20110321-033622.jpg"   /></a></p>
<p><strong>No se trata de pasar todo el tiempo en el presente</strong>. No creo que se pueda. Tendríamos que deshacernos absolutamente del ego y eso tampoco creo que sea posible. Se trata, más bien, de hacer un intento por meditar todas las acciones que podamos y aceptar todo, todo, lo que está pasando en este momento, nos guste o no, concuerde con lo que esperábamos o no, de manera voluntaria, volviéndonos más hábiles en ese ejercicio con el tiempo y la regularidad de la práctica. Aunque no es fácil. Se trata de tener más presencia y menos expectativa, más actitud y menos miedo. Se trata de <em>fluir</em>. ¿Y qué es fluir? Básicamente, quitar estorbos. Y si, queridos lectores: las metas, muchas veces, estorban más de lo que ayudan. Las expectativas, los deseos rígidos que nos producen malestar o tristeza cuando no se cumplen, estorban. El presente, en cambio, es un vacío enorme donde está ocurriendo, ni más ni menos, todo lo que tiene que estar ocurriendo, incluido mi ser, y mi entrenamiento. No lo que debería, no lo que tendría&#8230; No lo que nos asusta que no ocurra&#8230; Sino lo que está ocurriendo. Y ya.</p>
<p><strong>Insisto, no es fácil&#8230; Tampoco intenten hacerlo todo el tiempo</strong> y luego sentirse mal porque no lo lograron a la perfección &#8212; eso desafiaría, justamente, el objetivo de la práctica &#8211;. Solo recuerden, de vez en cuando, tener mas <em>presencia</em> en el momento, y olvidarse de lo que vino o vendrá. Creo que comprobarán que los resultados son muy satisfactorios, pero sobre todo, que alivian y armonizan la mente. Entrenen así, con la mente y el cuerpo en donde está. Al fin y al cabo, como decía Einstein, el futuro siempre llega&#8230; No necesitamos concentrarnos en él&#8230; Lo único que hace falta es estar. Realmente estar.</p>
<p>Bonita semana.</p>
<p>JC.</p>
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		<title>La Fortaleza del Bueno</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Mar 2011 14:17:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jcanterol</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Vaya que me he pasado un largo rato en el limbo de la escritura&#8230; Al menos de la escritura articulista. Esto de escribir libros acapara mucha atención, y aunque lo cierto es que ya llevaba un par de semanas con el deseo manifiesto de regresar al blog, no era la falta de tiempo la que [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jcantero.wordpress.com&amp;blog=7736901&amp;post=101&amp;subd=jcantero&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Vaya que me he pasado un largo rato en el limbo de la escritura</strong>&#8230; Al menos de la escritura articulista. Esto de escribir libros acapara mucha atención, y aunque lo cierto es que ya llevaba un par de semanas con el deseo manifiesto de regresar al blog, no era la falta de tiempo la que me detenía, sino la de inspiración, o más precisamente, la de tema. Esta tarde, sin embargo, en camino al consultorio, un tweet de un buen amigo terminó por resolver el asunto en un tris, y me dio una buena excusa para volverme a sentar aquí y ver si puedo poner en claro mis ideas, pero sobre todo, intentar contestar la pregunta que mi amigo plantea, en apenas dos lineas, y que curiosamente ha sido para mi fuente de reflexión desde hace bastante.</p>
<p><strong>&#8220;¿Por qué la gente asocia la bondad con la debilidad?&#8221;.</strong> Esa es la pregunta. Y es buena&#8230; La ligazón entre ambos suele ser frecuente, pese a que constituye un error garrafal de pensamiento y es fuente obligada de prejuicios absurdos. Incluso, se me ocurren otras asociaciones también bastante regulares: estupidez, ingenuidad, simpleza&#8230; En fin, muchas afines. Y al final el tipo bueno es el que la paga; ese que sonríe a la adversidad, que confía en los demás, que ayuda a los que puede, y que invierte su tiempo, su espacio y su trabajo, en buscar el beneficio desinteresado de otros, incluso aunque ni les conozca&#8230; La paga porque se le tacha de todo lo que no es: de menso, de teto, de bobo&#8230; Y si, de débil, cuando en el fondo probablemente es mucho mas fuerte que todos esos que le atacan o devalúan. Una verdadera lástima.</p>
<p><strong>Pero vayamos por partes. ¿Qué es la bondad?</strong> No mentiré si les digo que siempre me ha costado mucho definirla. No obstante, eso si, me es imposible pensar en ella sin remitirme inmediatamente a la justicia. Ese principio, tan fundamental para Platón, que afirma con toda sencillez que <em>hay que dar a todo mundo aquello que merece</em>. Ni más ni menos. Y lo que creo sinceramente, es que todos los seres humanos merecen, a priori, que se  considere y respete su valor inherente, de manera incondicional. ¿Cuál es ese valor? Es difícil de decir de manera concreta, sin hacer uso de la metáfora. De acuerdo a Emmanuel Kant, las personas no somos cosas, no somos artículos de uso. Puesto que somos humanos, todos poseemos un valor y dignidad inherente; forma parte de nuestra condición humana. Por ello, no debemos emplearnos los unos a los otros como medios para conseguir fines, sean estos los que sean. La vida del ladrón, por ejemplo, tiene exactamente el mismo valor esencial que la del héroe. Es tan malo hacer sufrir a uno como al otro, puesto que al hacerlo privamos a cada cual de su dignidad. ¿Quiere decir eso que ambos son iguales y se merecen los mismos tratos particulares, en relación a sus actos? Por supuesto que no. ¿Cómo distinguir entonces qué dar a cada quién? Fácilmente. Observando los apetitos y las preferencias del ego; el propio y el de los demás. Es tan simple como eso. </p>
<p><strong>Aquí es donde se nos presenta el quid de la cuestión</strong>…La conducta de un ladrón no es justa porque atenta contra el bienestar de otra persona en el intento de satisfacer sus propios impulsos. Hacer sufrir al ladrón, con premeditación, tampoco es justo, porque de igual modo atenta contra su bienestar y valor en un intento de satisfacer el ego herido del agredido a través de la revancha (ojo por ojo…).  Si tanto él y yo tenemos valor y dignidad inherente, actuar con justicia es mucho más que solo dar a cada quien lo que se merece… Es actuar con bondad. Trascender las preferencias del ego y decidir hacer el bien por el bien mismo, decidiendo respetar el valor humano sin importar si ello me beneficia o no. Efectivamente, definir lo que es justo podrá ser simple, pero conducirse con justicia es otra historia. </p>
<p><strong>Contestemos la pregunta que nos ha traído aquí</strong> de una buena vez por todas: ¿Por qué se confunde la bondad con debilidad? Porque aquel que es verdaderamente bueno y obra de esa forma, es capaz de hacer, al menos temporalmente, su ego y sus intereses a un lado, en beneficio de otros, y eso lo pone, necesariamente, en una evidente situación de vulnerabilidad. Es obvio&#8230; Si eres capaz de dejar de pensar en ti mismo y en el modo en que actuar bien podría afectarte o lastimarte, quedas en un lugar claro y abierto donde puedes perderlo todo, donde puede que las cosas no salgan como quieres, donde otros pueden abusar de tu buena fe&#8230; Y es que para desconfiar, para ser suspicaces, incluso mordaces o, como dicen aquí, &#8220;ser bien cabrones&#8221; hace falta  un poco &#8212; y en ocasiones un mucho &#8212; de malicia; la antítesis de la bondad. La genuina bondad te vuelve fuerte, porque te vuelve honesto y desinteresado, te vuelve entregado, y si, muchas veces te vuelve valiente, pero el costo es que te vuelve también vulnerable.</p>
<p><strong>Vulnerabilidad no es sinónimo de debilidad. </strong>La vulnerabilidad no es otra cosa que una de las características naturales y necesarias de nuestra humanidad: la imposibilidad de evitar perderlo todo, antes o después, así hagamos hasta lo imposible por negarlo. La debilidad, en cambio, es una renuncia  mortal a la vitalidad, la energía, y peor aun, a la capacidad de decidir qué hacer y cómo hacerlo. Debilidad es sinónimo de parálisis. Bondad, en cambio, es sinónimo de elección. <em>La elección de actuar</em>, ante todo y contra todo, de forma correcta, de forma justa, aun a pesar de la vulnerabilidad manifiesta que provoca. Aquel que es verdaderamente bondadoso de ninguna manera puede ser débil, porque aquello que lo motiva no puede ser lastimado o vejado, (justamente, digamos, como el ego narcisista del bully que ataca porque en su corazón, se muere de miedo), y en cambio con sus decisiones, siempre activas, siempre con un propósito, dignifica su humanidad. </p>
<p><strong>Llámenme idealista&#8230; Pero</strong> todos deberíamos intentar ser un poco más buenos&#8230; Y preocuparnos mucho menos por aquellos que están, francamente, confundidos&#8230; Y que devalúan lo que no entienden porque les estorba&#8230;</p>
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		<title>Acción&#8230; con sabiduría</title>
		<link>http://jcantero.wordpress.com/2010/04/26/accion-con-sabiduria/</link>
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		<pubDate>Mon, 26 Apr 2010 18:59:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jcanterol</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Como se habrán percatado, he estado un poco alejado de la escritura últimamente. Lo lamento. Han sido muchos días saturados y muy poco tiempo para atenderlo todo.  Sin embargo, ya era hora de ponernos a escribir. En concreto, ha sido un comentario reciente a mi último post, el que me ha hecho salir de tajo [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jcantero.wordpress.com&amp;blog=7736901&amp;post=89&amp;subd=jcantero&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Como se habrán percatado, he estado un poco alejado de la escritura últimamente. Lo lamento. Han sido muchos días saturados y muy poco tiempo para atenderlo todo.  Sin embargo, ya era hora de ponernos a escribir.</p>
<p>En concreto, ha sido un comentario reciente a mi último post, el que me ha hecho salir de tajo del embotamiento y componer estas letras con la mayor velocidad posible. Una especie de corolario, ni más ni menos, a ese mismo artículo, así como también una obligada conexión del tema de la acción con uno de mis posts anteriores sobre la heroicidad.</p>
<p>Para empezar, aquí está, textualmente, el fragmento que más me ha llamado la atención acerca del comentario al que me refiero:</p>
<blockquote><p>Ligándolo con los temas de los héroes y las lecciones de humildad, que anteriormente has abordado, me surge la pregunta sobre cómo concebías al héroe sin acción, ¿el que lo aguantaba todo?, ¿hubieras sido un héroe al aceptar sin más que el camionero se estacionara a la vuelta de la entrada de tu casa? Entiendo lo de ser responsable de los sentimientos, pero ¿por qué te tenemos que aguantar, tolerar y soportar todo lo que hacen los demás? Si fuera el caso no existirían los héroes. ¿Qué no es el papel de los héroes luchar por el respeto y la justicia mediante la acción?</p></blockquote>
<p>Y luego acaba diciendo:</p>
<blockquote><p>Creo que la acción no está peleada con el estoicismo, pero definitivamente sí lo están la heroicidad con el conformismo.</p></blockquote>
<p>Así que bien… aunque voy a ir por partes, si quiero zanjar el asunto así, de golpe y a rajatabla, aunque al hacerlo peque de radical: <strong>la acción por si sola, sin sabiduría, es impulsiva… y puede ser imprudente, absurda</strong> <strong>o hasta ególatra</strong>.</p>
<p>Efectivamente, en ningún momento he querido transmitir la idea de que hay que optar por practicar una filosofía de perenne aguante o – mucho peor – de conformismo ante lo injusto.  En lo absoluto. <strong>Hay que privilegiar la acción</strong>… y si nunca lo he dicho así de plano, es porque tal vez he obviado que se sobre entiende. ¿Recuerdan cuando hablé de <em>poner atención</em> en el artículo sobre la disciplina? Pues bien… poner atención <em>es un acto</em>. – se trata de un verbo, “poner”, y los verbos, <em>hasta donde sé</em>, son la parte de la oración que expresa acción, condición o estado del sujeto –. O luego, cuando hablé de la necesidad de <em>aceptar</em> las “cuatro reglas” de la naturaleza, ahí también hay un verbo – aceptar, claro –, o cuando me referí a la relación de pareja… recuerdo claramente haber explicado que hay que <em>negociar</em> – verbo –, o ya para acabar con el punto, en el artículo de perder para ganar fui enfático en que “se <em>trabaja</em> todos los días” &#8212; ¿verbo? Si, eso me parecía –.  De modo que, como verán, todo el tiempo hemos estado hablando, directa o indirectamente, de actuar, de decidir, de ponernos en movimiento, de elegir rutas, caminos, opciones… es solo que hay, como lo dijimos en el artículo precedente, diferentes tipos de acción; al menos dos, y aunque ambas implican actividad y dinamismo, no se ejercen del mismo modo.</p>
<p>Ahora bien, volviendo al asunto de los comentarios que impulsaron este artículo, una aclaración fundamental: <strong>estoy de acuerdo con ellos. <em>Totalmente</em>.</strong> Es solo que creo que hay que precisar un par de cosas y nuevamente no quiero caer en la falta de obviar.</p>
<p>La heroicidad no puede estar relacionada con el conformismo, es verdad. De ningún modo. Son, de hecho, naturalmente excluyentes, dado que el héroe es aquel que sacrifica su bienestar, a veces su integridad física, salud, o hasta su vida, en pos de otros.  No, no puedo, ni nadie debería, concebir al héroe sin acción. El papel de los héroes, efectivamente, es luchar por el respeto y la justicia mediante la acción.  He sido arte-marcialista casi desde que tengo uso de razón, ya lo he dicho, y creo absolutamente en los principios del guerrero como código de conducta. Sería un hipócrita arbitrario si proclamara que la pasividad absoluta o el conformismo son la respuesta ideal para <em>algo </em>– sobre mi librero en casa hay una réplica de una katana y un bokken (espada de madera para entrenamiento). Con eso lo digo todo, creo –<em> .</em></p>
<p>Lo que ocurre es que ahora se me vienen a la mente varias preguntas…</p>
<ol>
<li>¿Qué es “lo justo”? ¿Quién determina “la justicia”?</li>
<li>¿Acaso todas las formas de luchar deberían ser arrojadas?</li>
<li>¿La única forma de luchar es imponiéndome, o imponiendo lo que creo que es “correcto”?</li>
</ol>
<p>Precisamente en el artículo sobre la heroicidad me referí a la escuela de psicología positiva y a las virtudes que Martín Seligman y otros identifican como las aceptadas por prácticamente todas las culturas del planeta. Para su comodidad, ahí van de nuevo:</p>
<p>Sabiduría</p>
<p>Valor</p>
<p>Humanidad / benevolencia</p>
<p>Justicia</p>
<p>Templanza</p>
<p>Espiritualidad / trascendencia</p>
<p>Por otro lado, Phillip Zimbardo, en su imprescindible “El Efecto Lucifer” explica claramente que el héroe, efectivamente, es quien lucha… y lucha hasta el final… pero en alineación con ESTAS virtudes.</p>
<p>¿Qué es lo justo? ¿Quién determina la justicia? Por supuesto, cada uno de nosotros. Así de ambiguo y subjetivo resulta. Creo que existe la justicia absoluta, ciertamente, dado que justicia, por definición, es dar a cada quién lo que se merece según nuestras acciones. El problema está en qué-es exactamente lo que cada quién se merece… y cómo debe dársele.  La realidad, por más absoluta y contundente que sea, recuérdenlo, es casi imposible de percibir por el ser humano, y es que gracias a nuestra complejísima corteza cerebral, todo lo interpretamos, todo lo simbolizamos. A todo le encontramos explicación, así sea ocasionalmente ilógica y absurda. Lo que consideramos justo puede que realmente lo sea… pero también puede que se trate de un capricho de nuestro ego lastimado, y ahí deja de ser justo para convertirse en ceguera, o egoísmo, de modo que la acción también deja de serlo y en cambio se convierte en valentonada, o peor, en agresión.  La realidad no es relativa… pero nuestra percepción, y nuestros juicios, si que lo son… Así que deberíamos tener cuidado.</p>
<p>Aquí es donde entra en escena la sabiduría. Y créanme, me encantaría hablar de todas las virtudes en relación a la acción – y tal vez lo hagamos después &#8211;, pero ahora debo enfocarme, de lo contrario esto terminará siendo un tratado y no un artículo.</p>
<p>Sin sabiduría, no hay forma de determinar qué es correcto, o justo, o noble… y por ende, qué causas son aquellas por las que debería luchar un héroe.  ¿Y qué es la sabiduría? Pues según la multicitada wikipedia (créanme, consulté primero el DRAE… pero es diccionario me desespera… ¿”grado más alto del conocimiento?” ¿eso es una definición?)  es “<em>una habilidad que se desarrolla con la aplicación de la inteligencia en la experiencia, obteniendo conclusiones que nos dan un mayor entendimiento, que a su vez nos capacitan para reflexionar, sacando conclusiones que nos dan discernimiento de la verdad, lo bueno y lo malo</em>”.  Ahora bien, ¿cómo se obtiene la sabiduría? Eso es más complejo.  Un autor al que sigo mucho – Millman – dice que conocimiento es saber, sabiduría es hacer… es decir, nuevamente, actuar, equivocarnos, aprender, y luego volver a actuar. Pero no puede ser solo eso. También involucra informarse, leer, estudiar, preguntar, mantenernos abiertos a todas las opciones y versiones posibles. La sabiduría es complicada de lograr, y por desgracia sin ella, es por demás espinoso poder decir con certeza qué es justo y qué no lo es.  Pero esperen, se complica aun más… porque la valentía y la acción solo son heroicas cuando se dirigen hacia una causa correcta – de lo contrario son solo impulsividad y probablemente arrojo irreflexivo –, y la sabiduría necesita de la justicia para saber cuál es la causa “correcta” – o arriesgarse en perseguir satisfacer al ego y ya –… pero sin la sabiduría la justicia no tiene modo de saber si la causa, efectivamente, ES correcta…</p>
<p>Así es.  Estamos en un círculo de interdependencia en el que todos los principios se requieren los unos a los otros.  Por eso le decía que deberíamos hablar de todas las virtudes, no solo de una.</p>
<p>El héroe practica todas las virtudes. Por eso es héroe.  No solo practica la acción, o el arrojo.  Necesita de la acción para lograr causas nobles. Pero antes de actuar, necesita elegir, elegir la causa correcta.  Y esa solo la puede distinguir mediante la sabiduría.  Lo mismo deberíamos hacer todos.</p>
<p>El artículo anterior es el que, hasta ahora, más opiniones ha tenido. Y todos tenían razón de un modo u otro.  Por ejemplo, alguien habló sobre la prudencia, sobre no tomar riesgos innecesarios. Otro habló sobre la responsabilidad de no afectar a otros con nuestras decisiones. Alguien más se refirió a la necesidad de distinguir entre los momentos en que debemos aceptar o actuar a través de renunciar a la ilusión de control. Y otro lector habló del focus… de la necesidad de mantenernos enfocados.  Todas las lecturas, diferentes formas de ver y conceptualizar la acción… lecturas y apreciaciones posibles solo por la comprensión de la sabiduría.  ¿Cuándo esperar, cuándo actuar? ¿Cuándo renunciar, cuándo aceptar, cuando seguir luchando?&#8230;</p>
<p>Debemos remitirnos a la sabiduría. Ahí hay una buena respuesta.</p>
<p>“A menos que nuestra audacia sirva a la justicia, estamos empleando una perversión de la valentía, y por lo tanto actuando de una manera no honorable”, comenta Charles Hackney en el libro Martial Virtues.</p>
<p>¿Todas las formas de luchar deberían ser arrojadas? Claro que no. Ya lo hemos dicho: existe valentía en esperar y en dejar pasar ciertas “afrentas” personales. ¿La única forma de luchar es imponiéndome o imponiendo mi visión de lo correcto? Otra vez, la respuesta es no&#8230;</p>
<p>Existe “LO-CORRECTO”, en la realidad, y lo que “CREO” que es correcto, en la subjetividad de mi mente.  Puede ser que a veces sean lo mismo, pero la única forma de saberlo con mediana certeza es a través de la sabiduría.</p>
<p>Así que ya para acabar, un último detalle.  ¿Debí haberme enfrentado al conductor del camión que, aquella vez, estorbaba la entrada a la calle donde vivo? ¿Debí haberle dicho que por favor se quitara? ¿Habría beneficiado a otros? Si, puede ser que si.  El punto de aquel artículo es que, justamente lo que decidí, fue lo menos sabio de todo: tratar de pasar a lo loco por el espacio que quedaba entre los coches, por lo que terminé aboyando la lámina del mío.  Fue la decisión más impulsiva que se me pudo ocurrir, producto del ego. Por eso titulé ese artículo “lección de humildad”.  Es verdad que, además de mostrar paciencia, pedirle al conductor que se moviera podría haber sido una opción adecuada.  ¿Mentarle la madre o meterme en una bronca con él? Por supuesto que no. Eso, también, sería ego.  Creo, pues, que el camino de la sabiduría, casi siempre, se encuentra en el punto medio aristotélico… o como también ese mismo Aristóteles dijo alguna vez: <em>cuando no se puede escoger el punto medio, debe elegirse el menor de dos males</em>. Eso también es sabiduría. No conformismo… solo aceptación de todo, todo aquello, que como he dicho una y mil veces no-podemos-cambiar-y-no-está-en-nuestro-control.</p>
<p>NO EXISTEN LAS RESPUESTAS UNIDIRECCIONALES.</p>
<p>La verdad, muy probablemente, es un entretejido de opciones.  Tratemos pues de practicar el conocimiento, y la sabiduría.  Entonces es cuando actuar encuentra validez, y la heroicidad un hogar digno donde vivir y un lugar de entrenamiento (Dojo) honorable.</p>
<p>Un abrazo.</p>
<p>J.C.</p>
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	</item>
		<item>
		<title>Además de Paciencia&#8230; ¡Acción!</title>
		<link>http://jcantero.wordpress.com/2010/04/05/ademas-de-paciencia-%c2%a1accion/</link>
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		<pubDate>Mon, 05 Apr 2010 20:52:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jcanterol</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;Just as action can reflect courage, waiting can reflect wisdom&#8221;. - Dan Millman &#8220;Audacity, an aspect of courage, involves taking swift and decisive actions in the face of danger&#8221;. - Charles Hackney (Nota introductoria: este artículo se lo debo al pésimo humor que he estado cargando desde hace varios días&#8230; Por lo visto, la regla se cumple de [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jcantero.wordpress.com&amp;blog=7736901&amp;post=79&amp;subd=jcantero&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>
<blockquote><p>&#8220;Just as action can reflect courage, waiting can reflect wisdom&#8221;.</p>
<p><em>- Dan Millman</em></p>
<p>&#8220;Audacity, an aspect of courage, involves taking swift and decisive actions in the face of danger&#8221;.</p>
<p><em>- Charles Hackney</em></p></blockquote>
<p><span style="color:#ff6600;">(Nota introductoria: este artículo se lo debo al pésimo humor que he estado cargando desde hace varios días&#8230; Por lo visto, la regla se cumple de nuevo: lo malo trae consigo cosas buenas).</span></p>
<p>ESTA MAÑANA caí en cuenta de algo importante, y no he querido demorarme en escribir al respecto, pese a que en realidad esta vez no tengo mucho tiempo disponible para hacerlo.</p>
<p>Obviamente, este blog, como un todo, habla acerca de mi filosofía ante la vida, filosofía que trato de practicar en todo momento — y digo que trato porque con toda honestidad, a veces incluso a mi me cuesta muchísimo trabajo — y que también me ha dado muy buenos resultados en los procesos de psicoterapia que conduzco.  Más aun, el libro que acabo de publicar, no es otra cosa sino un compendio de esa filosofía de vida traducida en palabras y técnicas prácticas que puedan ser útiles a las personas que decidan leerlo&#8230;  Como sea, en mi penúltimo artículo hablé sobre uno de los componentes decisivos de esa filosofía, la obediencia a las cuatro &#8220;reglas de la naturaleza&#8221;.  Hace un rato releía mis palabras, y mientras que sigo convencido de ellas, y de todo lo que he dicho o asegurado en otros momentos, no he podido evitar percatarme de que en general mi pensamiento podría ser fácilmente enmarcado en lo que llamaría &#8220;<em>filosofía de la paciencia&#8221;</em>, o &#8220;<em>filosofía del aguante&#8221;</em>.  Es casi curioso como la mayoría de mis posts giran alrededor de la necediad de tolerar y aceptar la pérdida, de la templanza necesaria para dejar ir todo aquello que no podemos cambiar, o de la indispensable ecuanimidad que debemos desarrollar para enfrentarnos al hecho de que no siempre podemos tener todo lo que queremos.  <em>Todo eso está muy bien</em>&#8230; pensé de pronto&#8230; <em>pero falta algo, falta-algo</em>.</p>
<p>¡Por supuesto que falta algo!&#8230; y es que la vida no solo puede ser esperar, tolerar, aceptar y renunciar&#8230; también tiene que ser decidir, tomar riesgos, ponernos en movimiento&#8230; ¡Actuar!</p>
<p>Y es que en verdad, no puedo dejar de hacer suficiente hincapié en ello: sin el acto contundente de decidir y de arrojarnos a actuar para conseguir las cosas que queremos y llevar nuestra vida hasta su máximo potencial, es poco, o cuando menos insuficiente, lo que la paciencia en si misma puede ofrecernos.  Créanme, si el algun momento les he mandado el mensaje, tal vez inconscientemente, de que hay que adoptar una posición estoica y aceptar, sin más, que la vida no está en nuestro control, ha sido un enorme y contundente error.  En fin. Veamos si puedo poner en orden mis pensamientos&#8230;</p>
<p>La mayoría de los filósofos distinguen entre dos tipos de valor o coraje: el pasivo y el activo.  El mejor representante del valor pasivo es el aguante o la paciencia, mientras que el distintivo del valor activo es el arrojo.  Indudablemente, a veces la acción más valerosa es tener paciencia y aguardar con templanza. Sin embargo, lograr nuestros objetivos, mejorar nuestra calidad de vida, sentir felicidad y satisfacción, y mucho más, por lo general demanda de nosotros actos de valor activo. Actos de arrojo y de acción. Es cierto que muchas cosas que nos ocurren no están en nuestro control&#8230; pero todo lo demás, si que lo está.  La economía del país no está en mi control (al menos no al 100%), pero las acciones que debo tomar para mejorar MI economía personal lo están. Los consejos que cualquier miembro de mi familia deciden darme no están en mis manos, pero elegir seguirlos o no por supuesto que lo está.  El que no llegue a mi un ofrecimiento de trabajo que me cambiaría la vida no es algo que puedo provocar directamente, pero emprender la búsqueda en otro lugar, en otro país, en otra ciudad, evidentemente si.  El que la mujer o el hombre que deseo no me acepte definitivamente no depende de mi, ni aun suponiendo que sea un excelente partido&#8230; pero ir a otro lugar, acercarme a alguien más&#8230; claro que depende de mi.  Las acciones que tomo, por las que me inclino, dependen absolutamente de mi, y de nadie más.  Eso es, justamente, el epítome de la <strong>responsabilidad</strong>: nadie puede hacerse cargo de mi vida, solo yo&#8230; y la única forma en la que puedo hacerme cargo de mi vida es mediante la <em>acción</em>.  Solo la acción pone las cosas en marcha.  La paciencia es buena, claro&#8230; pero excederse en ella puede paralizarnos, dejando de ser justamente paciencia y convirtiéndose, más bien, en parálisis.</p>
<p>Ahora veo que en mi vida hay varias decisiones que no he tomado por miedo. Porque según yo, no sé por dónde empezar.  Y ahora que lo pienso mejor caigo en cuenta de algo escencial&#8230; ¿y quién me ha dicho que necesito saber precisa y exactamente por dónde empezar? A veces hay que tomar riesgos. Aventarse al ruedo, así sin más. Con prudencia, claro&#8230; pero aventarse al fin.  Esperar, sin duda, es cómodo, y seguro&#8230; pero también estático.</p>
<p>Así pues, me parece que sería escencial aprender a equilibrar el aguante y el arrojo.  Hay momentos para todo.  A veces tendremos que aceptar lo que ocurre en nuestras vidas, puesto que NO podemos cambiarlo o controlarlo, pero en otras ocasiones deberemos ponernos en acción para acercarnos decididamente a la vida que queremos tener.  La pura aceptación pasiva sin la energía frontal de la lucha y la elección, es pobre y gris y no sirve para mucho.  El arrojo ciego sin la calma de la prudencia y la paciencia, es soberbia, omnipotencia, y a veces, estupidez.</p>
<p>Y si&#8230; les dejo un consejo (aunque no me lo hayan pedido): si como en mi caso, llegan de pronto a un punto en sus vidas en el que se sienten con un pésimo humor, molestos e insatisfechos, porque muchas de las cosas que esperaban o deseaban <em>no están ocurriendo</em>&#8230; pregúntense QUE ES LO QUE NO ESTAN DECIDIENDO&#8230; Porque créanme: a veces la vida, aunque creo que en todo momento intenta proveernos de mucho de lo que necesitamos, regularmente necesita de nuestra ayuda&#8230; y nuestras acciones.   Está bien sentirnos frustrados de vez en cuando&#8230; pero solo de vez en cuando&#8230; Mejor, ¡hay que ponernos en movimiento!</p>
<p>¡Ya me voy! Que se hace tarde&#8230; Y por favor, díganme qué opinan sobre todo esto&#8230;</p>
<p>Gracias. Cuídense.</p>
<p>J.C.</p>
</div>
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	</item>
		<item>
		<title>Las Cuatro &#8220;Reglas&#8221; de la Naturaleza</title>
		<link>http://jcantero.wordpress.com/2010/03/29/las-cuatro-reglas-de-la-naturaleza/</link>
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		<pubDate>Mon, 29 Mar 2010 22:13:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jcanterol</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[La filosofía y la psicología usualmente se encuentran en un lugar común. Me inclino a creer — y no sé si hacerlo sea un atrevimiento — que todo psicólogo clínico debería tener un poco de filósofo. Probablemente lo juzgo así por experiencia propia. Aquellos que me conocen bien saben que yo hago mi mejor esfuerzo [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jcantero.wordpress.com&amp;blog=7736901&amp;post=77&amp;subd=jcantero&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>
<p>La filosofía y la psicología usualmente se encuentran en un lugar común. Me inclino a creer — y no sé si hacerlo sea un atrevimiento — que todo psicólogo clínico debería tener un poco de filósofo. Probablemente lo juzgo así por experiencia propia. Aquellos que me conocen bien saben que yo hago mi mejor esfuerzo por actuar y pensar como filósofo. Sea como sea, conforme pasa el tiempo, más pacientes atiendo, más profundizo en el psicoanálisis — en teoría y práctica —, más libros leo, y más lo reflexiono, caigo en cuenta de que la filosofía, la espiritualidad, y la psicología, se llevan muy bien. Los une un vínculo indisoluble, por decirlo así.</p>
<p>En mis intervenciones clínicas soy muy racional, y trato de ser lo más lógico que puedo en mis argumentaciones y pensamientos. Al final soy y siempre seré psicoanalista y científico. Pero mentiría si no acepto que ciertos temas que podrían ser catalogados en el tema de lo espiritual y lo misterioso no se dan una vuelta frecuente por aquí, por el consultorio, y se entrometen entre el paciente y yo. Temas, que sobra decir, no suelen tener una respuesta muy “racional” que digamos y en cambio si terminan siendo de suma trascendencia. Suelen aparecer con una sola afirmación, que también a veces se formula como pregunta, de donde se desgrana toda una serie infinita de posibilidades y explicaciones para casi todo: “las cosas pasan por algo”.<br />
Las cosas pasan por algo…</p>
<p>No tengo idea de si las-cosas-pasan-por-algo… pero últimamente si empiezo a tener la certeza de que todo se acomoda para mejor — según mi mejor amigo, ambas frases son sinónimas; yo aun no estoy de acuerdo —. ¿Tengo pruebas? Por supuesto que no, pero eso tampoco me preocupa demasiado. Como sea, me estoy alejando del tema.<br />
El punto al que quiero llegar es que hay momentos, en toda terapia, en que los pacientes, y a veces el mismo terapeuta, se hacen preguntas que salen del marco de la psicología y la ciencia y se adentran más en el terreno de lo filosófico. ¿Por qué pasan cosas malas a la gente buena? ¿Por qué no puedo ser feliz? ¿Qué tengo que hacer para sentir satisfacción? ¿Qué es bueno, qué es malo?&#8230; Y muchas, muchas más. Examinar la biografía personal, las etapas del desarrollo psicosexual, buscar puntos de fijación y traumas, ofrecen buenas respuestas… pero NO para esas preguntas. ¿Qué hacer entonces? ¿Cómo abordarlas? Ahí, justamente, es donde hay que echar mano de la filosofía… y en verdad creo que es una necesidad.</p>
<p>Todos los que estamos en este “negocio” sabemos que no existen los caminos fáciles, y que ante la pregunta del paciente “¿y eso cómo lo logro?”, como lo he dicho otras veces, en ocasiones la única respuesta posible es “teniendo paciencia y siguiendo con tu terapia”. <em>Sin embargo</em>… si me viera forzado, así sin mayor opción, a escribir un <strong>manual de instrucciones</strong>, un librito de cabecera en el que explicara cuál es el modo, a mi juicio, de lograr vivir una vida de satisfacción y en paz; un método A-B-C casi ideal para librarse de la neurosis, lo que diría se resumiría casi por completo a esta frase:</p>
<p>Obedece las cuatro reglas de la naturaleza (y si… efectivamente la respuesta ES filosófica, no psicológica). Así de plano, y así de simple.<br />
(Antes de seguir debo decirles algo: estas reglas NO se me ocurrieron a mi. Las he compuesto resumiendo varios textos y autores que he leído desde hace muchos años. Espirituales, filosóficos y psicológicos por igual. Lo único que he hecho es buscar los puntos de acuerdo entre los diferentes autores, obteniendo como resultado este listado jerárquico de máximas. ¿Por qué les llamo reglas? Pues porque al parecer, funcionan igual que la ley de la gravedad: está ahí y opera, sin importar si la entendemos o no&#8230; Como esa, hay muchas otras que aun faltan por descubrir y enunciar).</p>
<p>A mi juicio, las reglas que la naturaleza, por decirlo así, espera que sigamos, son:</p>
<ol>
<li>Somos absolutamente vulnerables.</li>
<li>En toda elección hay un intercambio</li>
<li>Todo está siempre en equilibrio.</li>
<li>Cualquier cosa que elijas o que hagas, produce consecuencias.</li>
</ol>
<p>Voy a detallarlo, esperando no enredarme demasiado&#8230;</p>
<p><em>Somos absolutamente vulnerables</em>, porque en realidad TODO lo perdemos, más tarde o temprano. Hasta la misma vida. No hay manera de retener a las personas o las cosas que tenemos o que están a nuestro lado, solo podemos gozarlas mientras están con nosotros. Aceptar nuestra absoluta vulnerabilidad no nos vuelve débiles&#8230; por el contrario, nos vuelve inmensamente poderosos porque nos ayuda a perder el miedo. Si todo lo vamos a perder, y lo aceptamos como tal, no hay nada que temer. Ni a la muerte misma.</p>
<p><em>En toda elección hay un intercambio</em>, puesto que no podemos tener todo lo que deseamos en un mismo momento. En el punto en el que elegimos algo, lo que sea, debemos dejar otra cosa. Es la naturaleza misma de la elección. No podemos estar en dos lugares al mismo tiempo. No podemos hacer dos cosas a la vez. Si de nuestro 100% de tiempo disponemos de el 50 para trabajar y el 20 para dormir, solo nos queda 30 para hacer el resto de las cosas; no podemos producir <em>más</em> tiempo&#8230; Decidir no es otra cosa que intercambiar&#8230;</p>
<p><em>Todo está siempre en equilibrio</em>, porque al mismísimo estilo del yin-yang, siempre que se pierde algo, se gana algo, y siempre que se gana algo, se pierde algo. Es inescapable. Cualquier pérdida siempre trae una ganancia a la vuelta de la esquina. Después del anochecer, sigue el amanecer. No se puede conocer al bien sin el mal. No se puede conocer la belleza sin la fealdad, al amor sin el desamor, o al placer sin el dolor. Si hoy experimentas un gran dolor a causa de una enorme pérdida, recuerda que más tarde o temprano, ganarás algo grande también &#8212; aunque seguramente no será lo que esperas &#8211;.</p>
<p><em>Cualquier cosa que elijas o que hagas, produce consecuencias</em>, porque nuestras acciones son como una piedra que cae a un lago. Al hacerlo produce ondas&#8230; y esas se mueven inexorablemente hasta alcanzar su destino. Una mentira produce consecuencias en tu vida, del mismo modo que lo hace un acto de servicio desinteresado. Es la ley del karma &#8212; más como lo entiende el Zen; honestamente, yo tampoco creo en la reencarnación &#8211;, o dicho de otro modo, la 2a ley de Newton: <em>a toda acción corresponde una reacción, de igual intensidad y en sentido inverso&#8230;</em></p>
<p>Por supuesto, no pretendo ser simplista. Y cuando dije que esto era como una especie de manual de instrucciones, estaba bromeando. Sin embargo, SI creo fielmente que seguir estas reglas &#8212; que como he dicho, operan a nuestro alrededor, así nos demos cuenta o no &#8212; con aceptación incondicional, respeto y responsabilidad, garantiza en gran medida que experimentemos paz y tranquilidad en el aquí y ahora. No es “bulletproof”, digamos. No es un método a prueba de fallas. De hecho creo que la única forma de descubrirlas y terminar por aceptarlas es fallando justamente&#8230; Pero si me da la impresión de que a veces deberíamos tratar de luchar un mucho menos contra la naturaleza, y simplemente tratar de fluir&#8230; en alineación con nuestros principios y nuestra consistencia interna&#8230;</p>
<p><strong>Y que conste esto con toda claridad</strong>: por fluir y dejar de luchar contra la naturaleza no me refiero en ningún momento a dejar de luchar contra la adversidad o de batallar día a día por nuestros sueños o por crecer y evolucionar &#8212; lo que Paulo Coehlo llama, en su extraordinario “Manual del Guerrero de la Luz”, el <em>buen combate</em> &#8211;. Lo veo más bien como lo hacía Shoma Morita (psicoterapeuta japonés): cuando es invierno, hace frío. Es <em>lógico</em>. No puede ser de otro modo. ¿Para qué obstinarte por salir en bermudas a la calle mientras está nevando? No importa si <em>quieres</em> que haga calor&#8230; Si hace frío, mejor cúbrete con una buena chamarra.</p>
<p>A todos nos toca perder, y aun si hemos sido muy afortunados, un día moriremos. No puede ser de otro modo. El verdadero valor no se encuentra en la necedad de querer que todos sea siempre como queremos, sino en la sabiduría de la paciencia, de la constancia, de la renuncia, la aceptación; del caer y sobre todo, del <strong>aprender a levantarnos</strong>, con la cabeza levantada, el cuerpo erguido, y dispuestos a una batalla más, abiertos y optimistas.</p>
<p>¿Fácil? Claro que no. Pero como he insistido muchas otras veces&#8230; ¿cuándo rayos les he dicho que vivir sea fácil?<br />
Como siempre, un abrazo.<br />
J.C.</p>
</div>
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	</item>
		<item>
		<title>Cómo ayudar a alguien que no desea ser ayudado&#8230;</title>
		<link>http://jcantero.wordpress.com/2010/03/04/como-ayudar-a-alguien-que-no-desea-ser-ayudado/</link>
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		<pubDate>Thu, 04 Mar 2010 14:31:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jcanterol</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace un par de días, una paciente me preguntó justamente eso&#8230; ¿Cómo puedo ayudar a x &#8212; una persona que no desea ser ayudada &#8211;?  La respuesta fue clara, simple y contundente: No puedes. Es imposible. Así que déjalo estar. Más aun&#8230; No solo es imposible sino que en si mismo, el intento de hacerlo constituye [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jcantero.wordpress.com&amp;blog=7736901&amp;post=43&amp;subd=jcantero&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace un par de días, una paciente me preguntó justamente eso&#8230; ¿Cómo puedo ayudar a x &#8212; una persona que <strong>no</strong> desea ser ayudada &#8211;?  La respuesta fue clara, simple y contundente:</p>
<p><em>No puedes.</em></p>
<p>Es imposible. Así que <em>déjalo estar</em>. Más aun&#8230; No solo es imposible sino que en si mismo, el intento de hacerlo constituye una forma de agresión.</p>
<p>Seguramente les ha ocurrido. Un día amanecen de malas, por cualquier motivo, no importa cuál. Llegan a la oficina, o al gimnasio, o a donde sea, y en eso aparece un bien-intencionado amigo, conocido, compañero, y con una media sonrisa en los labios empieza, &#8220;¿sabes? Yo creo que deberías&#8211;&#8221;&#8230; y el resto del consejo se pierde entre los clamores internos por silencio. &#8220;Oh, cállate&#8230; ¿quién te preguntó nada?&#8221;&#8230;</p>
<p><strong>El consejo no pedido</strong> es incómodo, es inoportuno, y casi siempre se percibe en nuestro inconsciente como una agresión. Finalmente, ¿quién te dio permiso de opinar?</p>
<p>De algún modo u otro, lo mismo ocurre con la ayuda.</p>
<p>Frecuentemente, el deseo de ayudar a alguien proviene de una genuina preocupación por aquel, seguramente producto de nuestro cariño o afecto. Insisto en ello: el propósito <em>puede ser</em> bien intencionado de origen, sin embargo, cuando intentamos denodadamente dar una recomendación a alguien que no la ha solicitado, cuando tratamos de apoyar a alguien que tal vez preferiría que lo dejaran tranquilo un rato&#8230; en suma, <strong>cuando tratamos de imponer a otro lo que nosotros creemos que es mejor</strong>, aun con el objetivo más caritativo en mente, sigue siendo eso, una imposición, y por donde se le vea, imponer nuestros deseos al otro no tiene nada de ayuda, ni mucho menos de empático.</p>
<p>Tomemos las palabras de Sandy Hotchkiss, (<em>Why is it always about you</em>?, un buen libro acerca de la personalidad narcisista):</p>
<blockquote><p>&#8220;La habilidad de empatizar, de comprender con presición cómo se siente otra persona, y sentir compasión por ella en respuesta, requiere que nos salgamos de nosotros mismos temporalmente con el objetivo de sintonizar con alguien más. <em>Debemos apagar el ruido de nuestras propias preocupaciones y abrirnos a lo que la otra persona está expresando</em>&#8221; (itálicas son mías).</p></blockquote>
<p>El meollo del asunto está en eso: apagar el ruido de nuestras preocupaciones&#8230;</p>
<p>Dense un momento para pensarlo y verán que la mayoría de las veces, cuando nos esforzamos demasiado por ayudar a alguien que no nos ha pedido que lo hagamos, tendrá que ver con ansiedades internas (me preocupa la salud de x, no quiero que le pase nada a y, z debería poner más atención en su salud, ¡w está tan equivocado! Debo sacarlo de su error, etc.) y no tanto con lo que el otro verdaderamente necesita.</p>
<p>En ocasiones, aquellos que queremos necesitarán y querrán nuestro apoyo, por supuesto.  En mi opinión, nuestra labor es mantenernos atentos a la oportunidad y abiertos al mensaje que nos manden. Si estamos disponibles, dispuestos y abiertos, pero sobre todo, si podemos hacer temporalmente a un lado nuestras necesidades y ansiedades, y verdadermante poner atención en el estado de ánimo, las palabras y las acciones del otro, es mucho más probable que seamos percibidos como posibles proveedores de auxilio.  Si es así, confiemos en que el otro tendrá la capacidad de pedirnos consejo o ayuda cuando lo considere pertinente.</p>
<p><em>Debemos confiar</em> en los otros. En su capacidad de reacción y de solicitud. Eso es fundamental&#8230;</p>
<p>Cuando aprendemos a confiar y a dejarnos ir, nos volvemos menos aprehensivos, menos ansiosos, menos encimosos&#8230; Y es entones cuando verdaderamente constituimos una posibilidad real de apoyo.  Mientras sigamos insistiendo en imponer nuestro parecer, por positivo que sea nuestro impulso, no deja de ser un atentado contra la voluntad e individualidad de los demás.  Muchas veces es mejor guardar silencio, sonreir, y apoyar una mano cálida y sincera en la espalda del otro, que tratar de tener la mejor respuesta, la mejor alternativa.</p>
<p>Un abrazo, como siempre.</p>
<p>J.C.</p>
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	</item>
		<item>
		<title>Apología del Héroe: en busca del perfeccionamiento de nuestra calidad humana (parte 1)</title>
		<link>http://jcantero.wordpress.com/2010/03/01/apologia-del-heroe-en-busca-del-perfeccionamiento-de-nuestra-calidad-humana/</link>
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		<pubDate>Mon, 01 Mar 2010 22:27:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>jcanterol</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[(Antes que nada: Este artículo es apenas el primero de varios sobre el tema que iré publicando a lo largo del tiempo). El último capítulo del libro que estoy próximo a publicar en un par de semanas, “La vida en principios”, está dedicado a la trascendencia. En las dos o tres páginas finales de ese [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=jcantero.wordpress.com&amp;blog=7736901&amp;post=28&amp;subd=jcantero&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>(Antes que nada: Este artículo es apenas el primero de varios sobre el tema que iré publicando a lo largo del tiempo).</em></p>
<p>El último capítulo del libro que estoy próximo a publicar en un par de semanas, “La vida en principios”, está dedicado a la trascendencia. En las dos o tres páginas finales de ese capítulo, sin darme cuenta de lo que hacía, empecé a escribir sobre la heroicidad; sobre algunas de las cosas que vuelven a una persona común y corriente un “héroe”.  El libro aborda un modelo personal en el que planteo que al asentar la vida en principios, en un sólido código de conducta ético, se puede lograr la satisfacción y en última instancia una vida con propósito y felicidad (ambicioso, ya lo sé…).  Por supuesto, cuando comencé el proyecto la heroicidad no figuraba en él, ni por asomo de casualidad, y sin embargo, accidentalmente, dejándome llevar por el vaivén de la escritura, llegue hasta ahí.  Fueron apenas 3 páginas, pero a partir de ese momento el asunto ha estado dándome vueltas y vueltas en la cabeza.  Tanto, que mucho de mi siguiente libro tendrá que ver con ello (pero de eso ya hablaremos mucho en otro momento).  Hoy, quiero compartirles un poco de toda esa reflexión.</p>
<p>No tengo plena conciencia de cuándo empezó a interesarme el tema de los héroes, pero sé que fue pronto.  Sé que el primer recuerdo de mi vida involucra a mi hermano y a mi madre, una pequeña televisión B/N que tenía en su habitación… y al mítico personaje que en ella aparecía, columpiándose por los rascacielos de NY: el Hombre-Araña (cosa que nada sorprenderá a mis queridos amigos que conocen mi afición por el comic de aquel extraño super-héroe).  ¿Qué tendría? ¿3 o 4 años? Probablemente.  Y lo cierto es que no me tomo a broma este primer recuerdo, ni su relación con la heroicidad, porque tiene mucho de simbólico.  En él aparecen mi hermano (de quien aprendí el significado y el valor del honor), mi madre (de quien aprendí su código de ética y conducta), y mi héroe personal de la infancia (ese que sacrifica su vida a diario bajo la consigna de que con “gran poder viene gran responsabilidad”).</p>
<p>Probablemente a muchos de ustedes no les interesan los comics. Ni el Hombre-Araña. Pero seguro que les interesan los héroes, y la conducta heroica, y la eterna lucha del bien contra el mal. Por supuesto que si. ¿Cómo lo sé? Fácil. Las novelas que más se venden son las que involucran a personajes extraordinarios (y no necesariamente porque tengan muchas virtudes), que luchan contra la injusticia, la opresión o ya de plano el mal en alguna de sus manifestaciones (El Código DaVinci, El Poeta, El Psicoanalista, La Torre Oscura),  las películas más taquilleras son las épicas/míticas que involucran batallas por los grandes ideales (Star Wars, El Señor de los Anillos, Las Crónicas de Narnia, las dos o tres de super héroes que nos presentan cada año, Star Trek), y en la TV. lo que más nos llama la atención son las series con personajes abnegados, sacrificados, que en el cumplimiento de su deber, salvan a pocos, a muchos, ¡o hasta al mundo! (Héroes, Lost, La Ley y el Orden, las mil-y-un-versiones de CSI, ER, etc.).  La figura del héroe, lo queramos o no, está presente, y nos encanta.</p>
<p>En realidad, como bien se dio cuenta Joseph Campbell (escritor del célebre “El Héroe de las Mil Caras”), la fascinación humana por ellos es antiquísima.  Las grandes similitudes entre los héroes griegos (Aquiles, Héctor, Odiseo, Jasón, Hércules) y los héroes modernos, en cualquier medio que se nos presenten, no son casualidad. Son la manifestación de ocultos pero eficientes engranajes en nuestro inconsciente que nos llevan a admirar, y fascinarnos, ante las historias de las grandes personas que han logrado cambiar el orden de las cosas como lo conocemos, pero más aún, que con grandes sacrificios a su integridad, o incluso su vida, nos mantienen a salvo.</p>
<p>Pero creo que hay algo más importante para nosotros en el presente; mucho más relevante, y no tanto desde el análisis literario, sino en la problemática del día a día:  La presencia del héroe real, de carne y hueso, y la necesidad urgente que tenemos de buscar y encontrar esa capacidad dentro de cada uno de nosotros… ¿Y por qué le llamo necesidad-urgente? Pues verán, porque me parece que bien podría ser el remedio para muchos de los supuestos males que aquejan a nuestra sociedad moderna, y más que eso, a cada uno de nosotros como individuos.</p>
<p>Martin Seligman, quien durante algún tiempo fue director de la famosísima APA (Asociación Psicológica Americana), y creador del concepto de “optimismo aprendido” originó hace algunos años lo que ahora conocemos en el medio como “Psicología Positiva”. Grosso modo, la propuesta de Seligman y colaboradores es que debemos poner mayor enfoque en las fortalezas humanas y no tanto en la patología (ojo: poner-más-atención, <em>no olvidarla</em>… en el fondo los psicoterapeutas debemos seguir siendo clínicos).  Como resultado, después de numerosas investigaciones, generaron un listado de virtudes universales; es decir, comunes a todas las culturas de la humanidad, y que han estado presentes a lo largo de toda la historia del hombre:</p>
<ul>
<li>Sabiduría y conocimiento</li>
<li>Valor (courage, en inglés… me gusta más)</li>
<li>Humanidad</li>
<li>Justicia</li>
<li>Templanza</li>
<li>Espiritualidad y Trascendencia</li>
</ul>
<p>Hermosas, ¿no es así? Y lo mejor es que todos los seres humanos, TODOS, podemos desarrollar y amplificar estas virtudes en nuestra vida. El potencial existe dentro de cada uno de nosotros. La pregunta es, ¿entonces por qué no estamos haciéndolo?&#8230; Porque vamos, <strong>si</strong> estuviéramos haciéndolo, no existirían ladrones, ¿cierto? Ni asesinos, violadores, políticos corruptos, jefes tiránicos, horarios de trabajo y salarios injustos, padres violentos, golpeadores de mujeres, pedófilos, gente holgazana, compañías o individuos fraudulentos, gente mentirosa… etc., etc., etc…</p>
<p>El problema de la maldad me ha ocupado desde hace mucho. Y sobre ese tema si estoy consciente desde cuándo. Los primeros ensayos que escribí al respecto datan de cuando estudiaba la secundaria, hace unos buenos 20 años. Ya entonces me maravillaba, como objeto de estudio, la enorme capacidad humana para hacer el mal, y la facilidad, aun más grande, con la que cada uno de nosotros caemos, accidental o propositivamente, en actos malos.</p>
<p>Si.  Todos. Ustedes y yo.</p>
<p>Oh claro. Yo he mentido. Yo he lastimado a otros. He realizado actos aprovechados, tratado de sacar partido de una situación desventajosa de alguien. He sido egoísta, he sido agresivo. ¿Ustedes no?  Yo creo que si.  La envidia y los celos, como todo psicoanalista sabe, son naturales a la especie humana, y mucha de la maldad del mundo, en realidad, es producto de esos sentimientos básicos que todos, todos, hemos experimentado.  Ahí, justamente, es donde está el quid de la cuestión; el fundamento de este largo artículo… Todos tenemos la capacidad para actuar con maldad, y lo hemos hecho. Pero solo porque podemos ser malos y conocemos la maldad, es que existe la posibilidad de corregir y perfeccionar nuestra naturaleza humana. Por eso el tema de la heroicidad es relevante en esta época, y por eso es que las virtudes de Seligman, son fundamentales para el buen funcionamiento de nuestra sociedad y nuestra humanidad.</p>
<p>El héroe es una persona que usualmente no se llama “héroe” a sí misma.  De hecho, casi todos los que han realizado un verdadero acto heroico, al ser cuestionados sobre sus acciones, declaran que simplemente hicieron lo que sentían que <em>debían</em> hacer.  Son gente que practica las virtudes de Seligman, y que en un acto de valor y arrojo inusuales, ponen su vida en riesgo, (o en algunos casos su prestigio social) en un genuino sacrificio para ayudar a los demás o para defender y preservar un ideal más grande que ellos mismos.</p>
<p><a href="http://jcantero.files.wordpress.com/2010/03/tiananmen2.jpeg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-34" title="Tiananmen" src="http://jcantero.files.wordpress.com/2010/03/tiananmen2.jpeg?w=300&#038;h=233" alt="" width="300" height="233" /></a></p>
<p>Son los topos que envió México a Haití. Es el hombre anónimo que detuvo, él solo, durante unos instantes, a decenas de tanques encargados de matar a los asistentes de la plaza de Tiananmen en 1989 (ver foto. No se sabe su nombre… solo se le conoce por el mote “tank man”). Es el soldado que actúa en defensa de las libertades genuinas de la gente, el buen policía que persigue a un ladrón a pesar del irrisorio sueldo que recibe. Son los bomberos y rescatistas del 9/11… Son las madres que soportan el dolor del parto para dar a luz a sus hijos, son los padres que sacrifican libertad, tiempo e ingreso para proteger y educar a sus hijos. Son los médicos que salvan vidas o los abogados que toman casos pro-bono para defender al que no tiene recursos económicos.  Son los maestros que se entregan a su profesión para formar a las generaciones del futuro. Es el esposo que se pone en el camino de una bala para salvar a sus hijos o a su esposa… <strong>Es la expresión más honesta de todo lo grande y extraordinarios que podemos ser cada uno de nosotros</strong>.  La gente que lucha contra los pequeños y grandes males haciendo uso de algo que es común a todos: nuestros principios. <strong>Nuestra humanidad</strong>.</p>
<p>El tema es relevante porque, dicho con toda sinceridad, si un día de estos nos despertamos quejándonos de mil cosas que no nos gustan sobre los conocidos, la sociedad, el mundo, seguramente es porque tampoco hemos hecho gran cosa para cambiar de manera individual. Y es una lástima y un desperdicio.</p>
<p>Todos podemos ser héroes.  Tal vez no un héroe mítico o de película, pero héroe al fin. Piénsenlo.</p>
<p>Yo me marcho. Este artículo ya es demasiado grande de por si… Pero les dejo las palabras de otro psicólogo eminente, Phillip Zimbardo, de su libro “El Efecto Lucifer”:</p>
<blockquote><p>&#8220;Heroism focuses o what is right in human nature.  We care about heroic stories because they serve as powerful reminders that people are capable of resisting evil, of not living to temptations, or rising above the mediocrity, and of heeding the call to action and to service when others fail to act.&#8221;</p></blockquote>
<p>Ya seguiremos con este tema después.</p>
<p>Tengan un provechoso día.</p>
<p>J.C.</p>
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