Lección de Humildad (o sobre cómo un camión, en el lugar correcto, te hace pedazos el ego)

(Antes de empezar, GRACIAS. No habría entendido la lección sin tu ayuda… pero eso ya lo sabes, ¿no?).

Las mejores lecciones se presentan en las formas más mundanas.  Eso me queda claro.

Imaginen la escena: venimos regresando a casa del trabajo.  Estamos cansados; MUY cansados.  Ha sido un día complicado y una semana difícil.  En eso, damos vuelta a la izquierda y encontramos, a la entrada de la calle donde vivimos — NUESTRA calle — un camión de carga estorbando el paso.  El espacio que nos deja para pasar es francamente reducido.  Ante nosotros, se despliegan varias opciones:

1. Dar la vuelta a la calle y entrar por otro lado.

2. Esperar a que el camión termine de descargar material y se marche.

3. Bajarnos de nuestro coche, ir hasta el chofer del camión y pedirle que se quite.

4. Intentar pasar por el espacio que queda.

Ahora supongamos que empezamos a pensar algo así como “este tipo es un imbécil, esta es MI calle, tengo derecho a subir por MI calle, ¿quién diablos se ha creído? No puede ser, es una falta de respeto, me carga, carajo”… de modo que la única opción viable es la 4.  Al final, el que está mal es él.  El que estorba es él.  El que no debería estar ahí, mucho menos cuando estamos tan fastidiados de todo lo que nos ha pasado, es él.  Unos cuantos segundos después, tras el intento fallido de pasar por el espacio que queda entre el camión y la calle, terminamos con un lindísimo raspón en el lado derecho del coche.  Rechinamos los dientes, suspiramos, decimos unas cuantas groserías, y todo para cuestionarnos ¿quién tiene la responsabilidad de este evento?…

Nosotros, por supuesto.

No importa cuánto queramos creer que el chofer es un irrespetuoso, que está mal que estorbe la entrada a la calle, que no debería estar ahí… La decisión de pasar por un espacio reducido fue nuestra.    Y es que cuando decidimos no hacernos responsables de nuestras acciones, es fácil culpar a los demás, a quien sea… y olvidar que todo, todo lo que pasa en nuestras vidas, es a causa de nuestras decisiones, sean estas conscientes o no.

Bajé del coche y subí a casa. Enojado, comenté lo ocurrido a mi esposa, quien solo me vio con una mezcla de extrañeza y confusión.  En ese momento no dijo nada, pero yo sabía lo que pensaba “en realidad, tu provocaste el rallón, no él”, y aunque en ese momento me enojé con ella por no “no apoyarme” y verlo según mi perspectiva (más ego, señoras y señores), ahora, viéndolo a la distancia, entiendo que tiene toda la razón.

Cuando nuestro ego se pone de por medio, no entendemos las cosas con claridad y objetividad.  Casi nunca somos objeto de afrentas personales, pese a que así nos las tomemos.  El camión no estaba ahí para estorbarme A MI.  La calle NO es mía.  No importa si debería estar ahí o no, el caso es que está, y las cosas pocas veces son como queremos que sean.  Son como son.  Punto.  Nos guste o no.  La vida no se acomoda a nosotros; a nuestros códigos y preferencias.  Cuando el ego nos nubla, es difícil reconocer que, en todo accidente que nos ocurre, todo enojo que sufrimos, siempre tenemos una parte de responsabilidad.  El chofer es responsable de estorbar… pero yo soy responsable de mi enojo, de mi frustración, de mi queja y de mi impulsividad.  Las consecuencias de mis actos son y siempre serán mi responsabilidad.

Este fin de semana me enseñaron que no soy tan humilde como quiero pensar, y que los años de análisis y de practicar psicoterapia en realidad no han eliminado mi ego.  Sigue estando ahí, y es él quien estorba bastante, no el camión.  Pero creo que estoy aprendiendo a amigarme con él… el primer paso es aceptarlo.  Voltear a su encuentro y decirle “estás equivocado, viejo amigo. NO eres el centro del universo.  Déjalo ir… las cosas son como son, no como quieres. Juega el juego o retírate, pero deja de quejarte y de enojarte, porque así creas tener razón en tu argumento, al final del día, es lo único que tienes, y básicamente no sirve para mucho”.

Somos humildes cuando somos responsables de la parte que nos toca.  Fluimos cuando entendemos que siempre, siempre, tenemos la posibilidad de elegir nuestro camino. Somos más felices cuando entendemos que casi nada es personal.

Imaginen, si en un ejemplo tan banal como este, la lección es válida, ¿qué tanto más lo será en cuestiones genuinamente trascendentes?, como podrían ser la relación con nuestra pareja, o nuestros pensamientos sobre la vida, el trabajo, los jefes… en fin.

Se los pongo sobre la mesa. Vale la pena reflexionarlo, creo yo.

J.C.

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One thought on “Lección de Humildad (o sobre cómo un camión, en el lugar correcto, te hace pedazos el ego)

  1. Hace ya bastante tiempo me dijeron palabras que no entendí hasta hace muy poco ‘no puedes elegir las cosas que te pasan, pero eres libre de elegir como reaccionar ante lo que te pase’

    Sin duda es mucho más fácil y cómodo quejarnos de que las cosas no son como queremos que sean, echarle la culpa al otro y seguir pensando que nosotros estamos correctos… puede que tengamos la razón, pero eso no cambia las cosas.

    Interesante tema sin duda, y muy interesante blog, ya me tienes enganchada 😛

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