Perder para Ganar

“Las ganancias están al filo de las pérdidas, las pérdidas son el corazón de las ganancias. Por ello, la buena suerte no puede visitarnos una y otra vez, uno no puede esperar siempre el beneficio. Cuando estás en una situación afortunada y consideras la posibilidad de infortunio, entonces puede preverse la felicidad; cuando ves las ganancias y consideras las pérdidas, seguramente llegarán los beneficios”.

– Lingyuan

Escribir se me da, y creo que se me da bien. Y con “bien” no me refiero a calidad, sino simplemente a que es algo que, en mi caso, ocurre; brota. Hay días que me paso diez horas escribiendo, algunos más, y casi nunca me atoro o demoro. Sin embargo, esta vez fue diferente.

Llevo un par de semanas cocinando este artículo en mi mente y desgraciadamente me ha costado muchísimo trabajo sentarme y decidirme a escribirlo. Seguramente, la dificultad se debe a todo lo personal que se haya involucrado en él. Y es que vamos, nunca es lo mismo ver las cosas a la distancia, que hablar desde la propia experiencia; así sea en metáfora, así sea en reflexión. Como sea, trataré de no extenderme demasiado, aunque no prometo nada. Sin embargo, no he querido dejar de compartir esto con ustedes, pues creo que tal vez pueda aportar algo a todos — ¿creer eso se trata de un pedazo grande de ego? Puede ser. Últimamente no me siento tan desprovisto de éste como creía, y me parece que eso es bueno —.

Para un psicólogo, como yo o cualquier otro, es fundamental el conocimiento necesario para poder ayudar a un paciente a superar sus duelos. Bien pronto, cuando empezamos a dar consulta, nos damos cuenta de que un “duelo” no es solamente el proceso de perder a un ser querido ante la muerte, sino el sufrimiento, grande o pequeño, que se vive ante cualquier tipo de pérdida. La que sea. No importa lo que se va, siempre habrá dolor, y de ahí que el proceso lleve ese nombre: duelo… y es que duele. Mucho. La gran pregunta es, desde luego, ¿hay algún modo de evitarlo? La respuesta, según la veo hoy en día, es no.

La vida adulta se define a través de la pérdida. Es así de simple, rotundo y contundente. Y no lo digo como una sentencia absoluta, claro que no. Es solo que después de todo este tiempo, me queda más claro que nunca. Piénsenlo. Tengan la edad que tengan, el minuto que acaban de pasar leyendo estas palabras, se ha ido. La ropa que usamos algún día se desgastará y habrá que dejarla. La salud se deteriora. Los amigos que teníamos un día se marchan. Si tenemos hijos, estos habrán de seguir su camino más tarde o temprano y nos dejarán. Algunos cambiaremos de residencia, y si no lo hacemos, uno u otro familiar lo hará. Nuestros padres morirán, nuestra pareja tal vez… y al final del día, nuestra salud enflaquecerá y nosotros lo haremos también. La vida adulta se define a través de la pérdida porque simple y llanamente no-se-puede no perder. Todo el tiempo lo estamos haciendo.

Parece un poco trágico, ¿no es así?

Hace un tiempo, dado a la tarea de resolver este problema, traté de dar un enfoque Zen al asunto, y ciertamente la respuesta se mostró bastante simple: evitar el apego. ¡Claro! En la medida en que no estemos apegados a las cosas, dejarlas ir será mucho más fácil, ¿no es así? Por supuesto. Y tiene todo el sentido del mundo. Renuncia a tu ego — que de hecho es la única parte de nuestra personalidad que puede ap-egarse — y ya está. Asunto solucionado. ¿Y cómo se renuncia al ego? Bueno, pues he tratado muchas cosas. He leído hasta el cansancio, escrito hasta el cansancio, me he autoanalizado según las reglas psicoanalíticas hasta el cansancio, he practicado artes marciales (bueno, eso no hasta el cansancio, pero si mucho tiempo)… y por un momento confieso con honestidad que pensé haberlo logrado. Vaya, en serio: hubo un momento en que levanté la mirada y me dije a mi mismo “estoy en equilibrio. Estoy bien… mi ego está bajo control… ahora perder ya no duele tanto”.

¿Les parece absurdo? Si la respuesta es si, seguramente es porque tienen razón: lo es. Y más allá que eso, es la prueba de que no solo NO había vencido al ego, sino que me había dejado arrastrar del todo por él y era más soberbio que nunca.

No entraré en demasiados detalles, pero si les diré que mi vida, en el último mes, se ha puesto de cabeza… varias veces… Y aunque ahora parece que todo empieza a estar en orden — y quién sabe, tal vez mejor — no puedo evitar un regusto amargo en la mente y el corazón. En un punto determinado estuve a punto de perder, si no todo, al menos si mucho, y ni todo el conocimiento, ni todo el auto análisis, ni todo ese supuesto “equilibrio” ganado a base de reflexión y certezas, me pudo preparar para la lección final: en el fondo, si crees que no eres infantil, seguramente si lo eres. Si crees que no eres soberbio, seguramente si lo eres… En el fondo, si crees honestamente que has vencido, seguramente serás derrotado.

Si eres tan soberbio para creer que no perderás, es porque justamente, ya has perdido.

No se puede NO-perder. Todo el tiempo perdemos. El duelo es imposible de evitar.

Sin embargo — y he aquí lo único que vuelve soportable, y superable, (no evitable) el duelo — todo el tiempo ganamos. Cuando se pierde, se gana. De modo automático. Sin quererlo. No puede ser de otro modo. Esa es la otra gran lección que me tocó aprender en carne y hueso. En justicia debo decir que estaba consciente de ello… en teoría. Pero ahora me ha quedado cristalinamente claro.

Hoy, las cosas son diferentes para mi. Sigo practicando el Zen y creyendo que es la mejor vía para vencer al ego. Pero me he dado cuenta de otra cosa: irónicamente, no se le puede vencer. Tal vez se pueda trascender, pero no vencer. Al creer que lo había vencido olvidé un principio fundamental del Bushido: Shoshin. La mente de principiante.

Se trabaja todos los días.

Se trabajan los duelos todos los días.

Se atesoran las ganancias todos los días.

Se vacía la taza todos los días.

Si es necesario, se llora todos los días.

Y así no sea necesario, se sonríe todos los días.

Cada día es nuevo, y se es principiante a diario.

Cuando creas que dominas, ten cuidado. Seguramente te engañas y eres soberbio. Nunca se domina. Se aprende a diario.

En días pasados me tocó perder mucho. Y dolió. Pero ahora por fin veo que también gané en equivalencia. Creí haber perdido el rumbo… Y es irónico, en verdad que si, porque cuando renuncié finalmente a ese rumbo que obstinadamente me había pre-fijado y que seguía con obstinación obsesiva, cuando dejé ir y me dejé ir, un nuevo rumbo se abrió ante mi. Y creo que este me gusta más. Mucho más. En algún lugar, estoy seguro que el Universo — Dios, Espíritu… como quieran llamarle — se ríe de nuestros planes, de nuestras certezas, y no con ironía o sarcasmo, sino con genuino humor, hasta que nos da el “golpe de gracia”, la estocada perfecta, y todo cambia. ¿Por qué nos resistimos tan tozudamente a perder? Porque no hemos aprendido a mirar a nuestro alrededor. El mensaje es claro: debes perder para ganar.

Así que créanme: lo último que deseo aquí es ser aleccionador. Simplemente he querido compartirles algo muy personal, algo muy mío, que apenas hoy, creo, estoy terminando de entender. No sé si he logrado ser claro en mis pensamientos o si los he confundido más. A mí, lo único que me queda patente es esto: todo, siempre, está en equilibrio. No necesariamente yo, como persona, o mi vida… sino todo, ¿saben? Todo. Siempre. Y no porque las cosas sean como quiero que sean, claro que no — eso también sería bastante soberbio —, sino porque las cosas simplemente son así y ya. Cuando se ve peor, es justamente porque estará mejor. Solo de ese modo se supera el duelo; todos los duelos, grandes y pequeños. Solo así se madura. Solo así recordamos nuestro lugar en el gran esquema de las cosas. Dejándonos ir…

Aprendiendo a diario.

Les mando un abrazo a todos.

J.C.

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4 thoughts on “Perder para Ganar

  1. El duelo, el apego, el ego son todas invenciones del ser humano para de alguna forma justificar, enteder, explicar o simpelmente disumular toda la maraña de emociones que dia a dia se van entretejiendo y hacen o hacmeos que la vida sea mas compleja, sin emabrgo no se pued evitar, somos seres pensantes pero siempre nos ganan las sentimientos.

    Equilibrio?? muy dificil de conseguir, imposible obtenerlo, no lo creo, a mis 32 años se que me falta mucho por recorrer y aprender, sin embargo la vida y los golpes que te da la misma (un divorcio en mi caso y separarme de mi hijo) te hace llegar al estado que muy pocos podrian llegar a presumir estan en el y se llama, a mi entender, MADUREZ.

    Tan simple y muy pero muy complejo, el concepto que conozco y de dominio publico, me gusta ya que define el estado ideal de equilibrio emocional vs razonimiento y se llama congruencia, si la que todos sabemos, pero poco practicamos, congruencia entre lo que dices, piensas, haces y Yo lo agregue, sientes, dandole un valor al cuadrado a la ultima.

    No nos hagamos pelotas, los sentimeintos rigen la vida de la humanidad, mas que la razon; alegria, tristeza, euforia, depresion, angustia, enojo y miles mas se conjugan en una sola cabeza, pero creo que eso, si eso le da el sabor a la existencia.

    Si no fuera por esas emociones quien sabe que seria del mundo.

    ACT.

    P.D. Jorge, excelente, soy fan, me inspira la lectura, sobre todo provocas lo que pocos pueden ocasionar con las letras, transmitir emiciones y reflexionar, que buena falta me hace. Un fuerte abrazo.

  2. Armando,
    Antes que otra cosa, me ha dado gusto ver que te das una vuelta por aquí!
    No escribo con demasiada regularidad en el blog… o al menos no con tanta como quisiera… pero conforme vaya escribiendo avisaré en el FB.
    Y antes que otra cosa… gracias por tus palabras. Viejo, simplemente se hace lo que se puede con esto… Y si de algo sirve lo que se escribe, ya me doy por bien servido.
    Las experiencias de las que hablas son terribles. Es una lástima que la única manera en que podemos madurar realmente es a base de golpes. O quién sabe… tal vez justamente es la mejor porque nos lleva a los extremos, y de ahí, solo hacia arriba.

    Cuídate mucho. Un abrazo.
    J.C.

  3. A veces pienso que es epidemia, los últimos meses han sido complicados, y cada vez me encuentro con más personas que comparten el sentimiento.

    Sin duda por caminos distintos, pero hace un par de días llegué justamente a la conclusión de que para ganar hay que perder, y que vivimos perdiendo y ganando a cada instante.

    Creo que al final del día de eso se trata la vida, nopodemos ganar siempre, pero podemos estar seguros que no perderemos eternamente

    Un abrazo, me encanta tu blog

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