No se trata de importancia, sino de compartir un espacio…

A lo largo de los años he ido viendo, poco a poco, cómo cada vez más relaciones de pareja se van deteriorando hasta el grado de su desaparición. Me atrevo a decir que nos enfrentamos a una intensa crisis en esta área. Y creo que el problema es de origen. No es que la sociedad esté contribuyendo negativamente o que el mundo haya cambiado demasiado. Es que para empezar la gente no tiene un conocimiento claro acerca del funcionamiento de este tipo de relaciones, y claro, eso hace que se cometan errores de “principio”.

Las canciones, la poesía, el cine, en fin, casi todas las expresiones artísticas, están plagadas de ideas irracionales acerca de lo que debe y lo que no debe ser una pareja. Frases como “Si quiero decirte que nunca habrá cosa más bella que tú”, “Aún ni siquiera te tengo y ya tengo miedo de perderte, amor”, “sabes que sin tu amor nada soy, que no podré sobrevivir”, etc., son bien conocidas por todos nosotros, y las repetimos hasta el delirio con agrado, cuando en sí mismas, son perfectamente irreales. Y no es que tenga algo en contra del romanticismo; créanme que no. Soy, en verdad, una persona muy, muy romántica, pero creo que hay una diferencia sustancial entre el romanticismo y la estultez… o peor aun, la dependencia absoluta en el otro, así como la retahíla absurda de exigencias que depositamos en el otro y que, desde luego, le resulta imposible cumplir.

Imaginen por un momento su bebida favorita, ¿de acuerdo? ¿Cuál es? ¿Una cerveza? ¿Una copa de vino? ¿Una coca-cola bien fría? ¿Ya la tienen en mente? Quédense con la suya, mientras yo les cuento de la mía. Mi bebida favorita es el café. Ahora piensen que les pido imaginar la presentación PERFECTA de esta bebida. Para mí sería un café Express, extraído de una mezcla de granos planchuela-caracolillo tostado medio, muy caliente, servido en una taza grande, con un poco de leche espumada como un macciatto italiano, con unas pocas líneas de caramelo frío dibujadas por encima. Verán, pues, que la tengo perfectamente definida. Ahora imaginen que llego al mostrador de mi cafetería preferida y me sirven una taza de café… La mezcla es ligeramente más oscura de lo que hubiese preferido; está en una taza grande y la leche está perfectamente espumada, pero en lugar de caramelo tiene un poco de canela espolvoreada. ¿Ustedes creen que probaría este café? Más me valdría que si… porque si no lo hago probablemente me perdería de la oportunidad de descubrir que aunque la bebida no satisface TODAS mis expectativas, probablemente ofrece OTRAS características en las que no había pensado anteriormente y que tal vez son también muy buenas (aroma intenso, sabor suave pero audaz) y eso sería una lástima.

Los seres humanos nos acercamos con expectativas a todas la experiencias a las que nos enfrentamos, ya sea degustar un platillo, comprar un automóvil… o a la pareja con la que compartimos la vida. En la medida en que nuestras expectativas no se cumplen, sentimos frustración, poca o mucha, y es ahí donde creo que se haya el meollo del asunto.

¿Nunca han pensado que su pareja es menos expresiva de lo que quisieran? ¿O que no dijo específicamente eso que querían escuchar en ESE momento particular? ¿O que no está suficientemente dispuesta a tener relaciones sexuales? ¿O que no es suficientemente limpia? Seguramente si. Nos ha pasado a todos. Lo malo es cuando empezamos a dejar de ver las cosas buenas que nos ofrece el otro y lo convertimos en un ente totalmente malo… o negamos lo que no nos gusta y nos sacrificamos continuamente por ese absoluto de bondad que debe permanecer a mi lado.

Debería, tendría. ¿Hasta dónde acaba el listado de cosas que el otro está forzado a hacer según nuestras exigencias y expectativas? Se extiende hasta el infinito.

Yo creo que el éxito de una relación de pareja depende de escogerla todos los días. No se le elige solo en el momento en el que nos preguntamos si queremos estar juntos. Es un acto que se lleva a cabo a cada momento, y solo en la medida en la que entendemos que el otro NO TENDRIA porqué satisfacer cada una de nuestras necesidades, pues se trata de una persona individual, separada de mí, y que en realidad me ofrece lo que puede y punto, nos daremos cuenta de que soy yo quien tiene que decidir si está conforme, a gusto, con lo que SI recibo del otro, aunque no sea exactamente lo que deseaba en un principio. Por eso creo que es una decisión diaria. Y claro, no hablo de los grandes problemas como una infidelidad — por ejemplo — sino de los pequeños detalles diarios que son los que van minando poco a poco el vínculo.

En el siguiente esquema explico más a detalle mi posición:

1 y 2 son cada uno de los miembros de la pareja, y el círculo que los rodea es el mundo particular de los dos. La idea aquí es que 1 y 2 nacieron solos Y SE VAN A MORIR SOLOS. Son individuos, y por mejor relación que tengan, están separados. Como consecuencia, cada uno tiene un mundo el cual comparten. Ese vínculo es el espacio central del conjunto; el área en la que nos relacionamos. Todo lo que queda fuera es externo, y me corresponde a mi lidiar con ello, no al otro. El espacio de unión, obviamente, es más pequeño que el mundo completo, claro, puesto que mi circunstancia es mía, no tuya.
Lo que estoy tratando de plantear es que el éxito de una pareja depende mucho menos de lo importante que eres para mí que en la calidad del espacio que comparto contigo. En la medida en la que estoy dispuesto a respetarte como una persona integral y no discutir contigo cada vez que haces algo — o no lo haces — que no cumple con cualquiera de mi ENORME lista de expectativas, las cosas van adelante. Si lo que me das — como el aroma o el sabor del café — es tan bueno que puedo renunciar a esa expectativa, entonces vale la pena estar contigo, pero si no, entonces es momento de decir adiós. Es mejor para ambos. Así, a diferencia de lo que dicen esas canciones que a todos nos gusta, NO ERES el centro de mi vida, NO ES VERDAD que NO puedo vivir sin tí. A lo mejor se volvería difícil, a lo mejor me dolería mucho perderte, pero si verdaderamente soy un ser independiente a tí, que comparte su mundo y su vida contigo, no hay motivo por el que no pueda seguir adelante si tu no estás, o mucho menos ser infeliz porque haces o no haces lo que quiero. Es mi elección estar contigo a diario, y es en esa decisión donde tal vez perdemos algunas cosas, pero ganamos otras, y eso es lo hermoso del asunto.

Más sobre esto, después. Que ya me extendí de más.

J.C.

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3 thoughts on “No se trata de importancia, sino de compartir un espacio…

  1. ¡¿Como que ya te colgaste?!!! apenas se estaba poniendo bueno. Vas a ser el culpable de que vuelva a escribir y eso puede ser peligroso… Cuando concluyas el tema haré los comentarios que correspondan. Saludos!!

  2. Mi amigo… favor de continuar porque así se los voy a poder recomendar a una que otra persona que conozco… que si no entienden la idea de lo que es una relación de pareja… entonces… se van a quedar solaaaaassss…. Permíteme felicitarte por una explicación tan sencilla y clara y con la cual estoy total y plenamente de acuerdo, pues aun que me de pena reconocerlo… yo era (y creo que… a-ve-ces….aun lo soy) de las que se enoja por ese “incumplimiento de exigencias”… en fin… sigamos aprendiendo y aprehendiendo.

    oye, qué significa esa mini happy face hasta abajo???

  3. Si bien es cierto que debemos respetar la integridad e individualidad del otro, también lo es el hecho de que debemos respetar la nuestra y es aquí donde me gustaría hacer hincapié. En algún momento te comenté que me había rondado por la cabeza la importancia que tiene no dejar nuestra vida en manos del otro, “…ten mi vida te la doy, pero no me dejes nunca…” (retomando el asunto de las canciones), porque el día que uno se separa o sufre una pérdida te quedas absolutamente sin nada, sin casa, sin amigos, sin esposo, sin sustento económico, sin tu objeto de vida. Bajo el pretexto del amor nos dejamos de hacer responsables de nosostros mismos y le encargamos nuestro cuidado y salud emocional a la otra persona. Valemos solo si el ser amado nos dice que nos quiere profundamente, si dice exactamente lo que queremos oir, en el momento y forma que esperamos. Tal vez no sentiríamos tanta frustración por lo que es o no es nuestra pareja si nuestra tranquilidad o felicidad no dependienra exclusivamente de ella. Fácil decirlo, hacerlo no tanto.

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