Y ahora… ¿A dónde nos lleva esto?… (ciclos que se cierran, opciones que se abren)

Escribir, al menos para mí, siempre es un asunto personal.  La línea entre mis experiencias y las palabras, muy delgada, tanto, que a veces dejo ver mucho de cómo me relaciono con el mundo y los sentimientos que resultan de ese vínculo. Afortunadamente esto no es terapia, y ustedes no son pacientes… Aquí no es el lugar donde debo poner frente a mi una pantalla que refleja, y solo eso.

Hoy quiero hablarles de los ciclos, por supuesto, porque uno para mí termina y otro empieza. Por fin, después de incertidumbres, demoras, conflictos y si, alegrías y satisfacciones, estamos instalados en nuestro nuevo hogar, y también mi nuevo consultorio se encuentra perfectamente operativo. Estas palabras son las primeras que escribo en el que será, de ahora en adelante, mi estudio, y con las copas de los árboles detrás de mi, y la luz del sol (que tanto extrañaba) cobijándome como una suave manta sobre mis hombros, por fin respiro con calma. Fueron días complejos, que pensaba que nunca iban a terminar. Habría hecho bien en recordar la historia del anillo de Salomón: “Esto también pasará”… Si lo hubiera hecho, tal vez, habría mantenido más calma, me habría aferrado menos, y habría disfrutado más todo el proceso de acabar y empezar de nuevo. De todos modos, habría llegado hasta aquí, pues lo mismo ocurre con todo ciclo: nada dura para siempre y todo lo que empieza debe acabar. ¿Para qué? Para que empiece otra cosa. Tan simple como eso.

Verán, hay un tiempo para todo. Momentos más o menos favorables, y periodos que, por más que deseemos lo contrario, simplemente no son fértiles. El verdadero arte está en saber distinguir unos de otros; cuándo invertir energía y esfuerzo en sostener las cosas, y cuándo hay que dejar ir y detenernos, para que todo siga su curso, por si mismo. El asunto es que, al querer constantemente  que las cosas “salgan bien” – es decir, de acuerdo a nuestras expectativas o deseos –, solemos aferrarnos, apretar fuerte, bajo la creencia de que conservar las cosas que amamos, los lugares, a las personas, hasta los momentos, está directamente relacionado con el tesón que invertimos en sujetarlos. Grave error: cuando algo se acaba no nos pregunta si estamos listos o no, simplemente lo hace y ya. Así de pequeños somos…

Y también así de grandes somos, si nos aferramos, más bien, a nuestra humildad y a nuestra valentía. Si hacemos alto, respiramos hondo, y empezamos de nuevo. Claro que da miedo hacerlo, porque pensamos que detrás de todo ello hay incertidumbre, cuando en realidad no la hay… las cosas pasan por algo, y casi siempre es por mejor – no es mística; es pura causa y efecto, pura física Newtoniana –, y porque el esfuerzo de la adaptación duele, como todo empuje, como cada iniciación.  Debemos recordar, por el contrario, que con cada momento que acaba, aparece también una oportunidad. Que estamos insertados en una dinámica constante de ganancia y perdida que es, justamente, la que mantiene las cosas en orden. Si algo se va es para dar espacio y lugar a que otra se manifieste. La pregunta es ¿tenemos la voluntad de aprovechar ese momento? ¿De hacer a un lado nuestro ego, nuestro apego, y montar la ola? ¿Dejarnos llevar por ella, y si, además aprovechar su altura, su energía, su inercia? Si la respuesta es si, vamos de ganancia. La inversión de nuestra energía y esfuerzo encontrará recompensa. Si la respuesta es no y más bien preferimos prendernos del pasado, a lo que era y ya no es, a lo que creíamos tener y ya no tenemos, nos espera el pesar y el dolor. Luchar contra un muro de concreto duro y resistente que, simplemente, no se va a mover.

Muchos tienden a suponer que son “débiles”, “fracasados”, “cobardes”, o peor aun “perdedores”, si se limitan a suspirar y dejar ir lo que no pueden controlar, si dejan de luchar ante un ciclo poco fértil, cuando es absolutamente al contrario: hay una fortaleza, un carácter, que efectivamente solo puede ser medido en la entrega y el combate. Hay otro, sin embargo, que solo se encuentra en la espera y la paciencia. Nadie ha dicho aquí que ante un momento poco propicio la alternativa es rendirse, conformarse. Rendirse nunca es una opción… cambiar de plan, buscar nuevas alternativas, dejar que ciertas puertas se cierren y esperar a que las siguientes se abran, no tiene nada de rendición, sino de sabiduría.

Estamos en transición, queridos lectores. Ustedes y yo. Ningún momento es definitivo, ninguna meta final. Esto es un viaje, y en los viajes visitamos diferentes lugares. La única forma de apreciarlos todos es poniendo atención, y luego dejando atrás lo visto para poder atender y admirar lo que sigue. Honremos los momentos que pasan, respetemos la caída, fluyamos más, resistámonos menos. Lo que verdaderamente nos vuelve poderosos no es la oposición al cambio, sino la adaptación a él.

Haríamos bien en ser curiosos. En recibir cada nuevo momento con un “bien, veamos a dónde nos lleva esto”.

Y ahí estoy yo… Viendo a donde nos lleva esto. Creo que será a un lugar mejor. Es más, creo que ya estoy en un lugar mejor. El secreto es procurar recordar esto: para disfrutar lo que tienes, primero tienes que dejar ir lo que querías tener…

Buen viaje a todos. Nos vemos pronto.

JC

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3 thoughts on “Y ahora… ¿A dónde nos lleva esto?… (ciclos que se cierran, opciones que se abren)

  1. Estimado Amigo, como siempre, tienes la sensibilidad para escribir como un gran contemporaneo, actual, simple, concreto y al grano y tal vez por magia o brujeria, pero le atinas en mi caso a esas cosas que conoces, pero que dejas de lado y hasta que las lees y vuelves a leer te cae en veinte en el momento justo y preciso, Gracias.

  2. Gracias. Simplemente gracias.
    Encontré en tus palabras el empuje necesario para comprender que es necesario soltar y dejarse llevar…
    Miro atrás y veo cuánto esfuerzo y coraje he desperciado por la resistencia a dejar marchar “lo que pudo ser y nunca fue”
    Cuanta energía destinada a “conservar” lo que nunca fue ni será. Eso y no la vida es lo que me ha pasado factura. Una factura que me ha servido para ver que es el momento de desaprender, de vaciarse, de soltar carga… para dejar espacio a lo nuevo, a lo que “es”.
    Gracias por ayudarme a comprenderlo.

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