Un buen hombre…

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Se trata de Tom Hardy y su perro. Ignoro si es un buen hombre o no, pero el retrato es perfecto para la idea que trato de enviar con este artículo.

He sido psicólogo clínico un poco menos de la mitad de mi vida, y en ese tiempo he visto muchas, muchísimas cosas. Pero antes que terapeuta, lo que siempre he sido es hombre. Nací como tal, pero sobre todo fui educado para actuar como tal, — por un padre que tiraba esgrima en el jardín de su casa, y por una madre que pensaba que ambos, no solo él, estaban primero —  y he tratado de siempre honrar esa consigna durante ya casi 39 años. Con ese dato como preámbulo tal vez no les extrañe si soy enfático en asegurar que estoy terriblemente desilusionado con la forma en que la masculinidad se desarrolla a mi alrededor. Giro mi cabeza en todas direcciones y lo que me encuentro no son hombres, sino payasos… Payasos barbones, payasos de gimnasio, payasos futbolistas, payasos ejecutivos… pero payasos al fin. Y estoy cansado. Hoy tengo ganas de ser un poco menos complaciente, un poco menos amable, y decir las cosas como me parece que son.

¿Qué significa ser un hombre? En principio de cuentas permítanme expresarles mi opinión — y finalmente solo es eso —: los hombres no somos una irrigación inagotable de testosterona, un falo con patas y ya… permanentemente sexuales, enfocados solo en acostarnos con la siguiente mujer o en jadear excitados frente a la página doble de Playboy. No señor. Nos gusta el sexo, y mucho. Y nos gustan las mujeres… Y MUCHO, pero el buen hombre entiende que hay mucho más en el horizonte.  Que ser hombre puede ser complicado, pero toma ese reto como un privilegio, y lo vive a tope. Que no… no todos los hombres somos iguales, no todos los hombres somos persistentemente infieles, y no todos los hombres pensamos solo en comer carne, beber cerveza, y ver futbol. Para algunos de nosotros la palabra caballero tiene aun mucho significado.

Voy a tratar de mantenerlo simple, ¿de acuerdo? Un verdadero hombre…

Es activo: Un hombre no puede mantenerse quieto. No es flojo, y su idea de un fin de semana perfecto no es tirarse frente al televisor y beber cerveza. Un hombre es creativo, e inquieto. Repara cosas, estropea otras tratando de arreglarlas, y tiene una curiosidad constante. Le gusta entender el significado del mundo, y si, intentar controlarlo — en el mejor sentido de la palabra. A un hombre no hay que arrearlo, no hay que suplicarle que haga cosas, ni se echa a llorar porque “no puede”. Un hombre encuentra la forma de lograrlo.

Es leal: No miente, no traiciona, no hace fraudes, no se sale con la suya. No es “muy cabrón”, ni piensa que el que “no transa no avanza”. De hecho un hombre se siente indignado frente a la necesidad de ser ventajoso para tener éxito.

En sus relaciones personales se mantiene al lado de sus amigos, y de su familia. Es fiel, servicial y dispuesto a pelear por ellos.

Y en la pareja… NO LA ENGAÑA. Punto, se acabó. No se acuesta con otras mujeres. No fantasea sexualmente con otras mujeres. No desea a otras mujeres. La infidelidad es para cobardes.

Es orgulloso: Por supuesto. Se esfuerza todo el día por hacer las cosas que hace y mantener segura a la gente que quiere. Eso debería hacerlo sentir orgulloso, y digno.

Pero es moderado, y humilde: Su dignidad no lo hace egocéntrico, o presumido. No lo hace soberbio. No necesita subestimar a nadie. Un hombre pone su carácter por encima de su ego. Si bebe, no se emborracha. Si come, no es un barril sin fondo, asqueroso y mal oliente. El hombre es prudente, y cabal. Entiende que hay límites, y no-los-cruza.

Honra y respeta a la mujer: Cuando le abre la puerta del coche, o de la casa, recoge algo que se le cayó del piso, le da la mano para levantarse de la mesa, o le presta su chaqueta para cubrirla de la lluvia, no es porque la considera inferior, sino porque la respeta como su igual y la cuida como algo precioso, que adora, y cuya consigna es mantener a salvo. Cuando paga la cuenta, o asume los gastos de casa, no es porque la pone en una posición inferior, o la minimiza, sino porque encuentra dignidad y auto respeto ganándose la admiración de alguien tan fuerte como él. Un hombre jamás devalúa a la mujer. JAMAS. Jamás le grita, le dice groserías, se queja de ella con sus amigos, o le dice “vieja”. El hombre ve a la mujer como alguien diferente pero especial, y en el silencio de su mente la admira. De la admiración surge el deseo por ella… jamás de un impulso de dominarla. Un buen hombre es fuerte, y autosuficiente; seguro de si mismo… ¿para qué rayos querría probarse a si mismo dominando a la mujer? Solo el cobarde necesita demostrarse que no lo es.

Y también honra y respeta a otros hombres: No compite sin necesidad, es decir, para levantar su ego en una comparación de falos. El hombre coopera con otros hombres, traba amistad, y hace alianzas duraderas y buenas; o si es necesario pelea con ellos, pero porque le precede una causa honorable, no porque teme ser inferior o ridiculizado. Si el honor, la justicia o el deber no sostienen su palabra, entonces no levanta un puño frente a otro hombre

Es responsable: cuando actúa lo hace porque es necesario. Y se equivoca… Dios… se equivoca mucho. El hombre ES impulsivo, y a veces sus acciones van más rápido que su cabeza. A veces no es prudente, e intentando ser bueno hace cosas estúpidas… Pero después corrige, repara. Pide perdón, aprende, y sigue adelante. Si, un buen hombre es un poco bruto, pero sus intenciones son correctas, ¿por que? Porque cumple con su deber. Hace cosas que pueden no gustarle, cede en otras en las que cree que tiene razón, y se fuerza a empujar, enfrentando cosas que le dan miedo. Para eso hay que ser un poco impulsivo, y no pensar demasiado… Un hombre es valiente. Y tiene coraje.

Es honesto. Todo el tiempo. Si le dices que no pasa nada, entonces no pasa nada. No va a indagar más allá de lo que quieras decirle. Pero eso si… es sensible, y se puede confiar en él. A veces es tan simple que puede ofender sin querer, pero un buen hombre guarda silencio, y le gusta escuchar a su mujer. Si tiene una queja, la va a recibir, e intentará cambiar. Un hombre de verdad no tiene miedo a mejorar, ni tiene miedo a la crítica.

Es agresivo: Claro que lo es. Lucha siempre que puede, y va por lo que quiere. Los hombres somos cazadores, lo llevamos en la sangre, y nos gusta una buena pelea. Ser agresivos es lo que nos permite seguir adelante pese al miedo, pese al dolor, pese a la incertidumbre, pese al dolor…

Pero un buen hombre no es violento. No es mordaz. No disfruta el dolor ajeno, ni se impone por vía de fuerza. Eso solo lo hacen los imbéciles, y también son esos los que confunden agresión con violencia. Agresión es caminar, firme y presto, hacia el frente, o al menos eso nos dice la etimología de la palabra… y los hombres siempre vamos en esa dirección — aunque a veces tengamos que echarnos para atrás para coger vuelo.

Pero también es tierno, sensible y atento. La agresividad, fortaleza y coraje de ningún modo están peleadas con la emocionalidad, la empatía, la generosidad, el servicio… Un hombre no es sensiblero, pero tampoco es patán. Un hombre sabe expresar dolor, y tristeza. Llora, y lo hace abiertamente, sin miedo. Pero no hace berrinches… No utiliza sus emociones como excusas para no cumplir con su deber, y sin embargo tampoco utiliza su masculinidad como pretexto para no ser tierno y cuidadoso. Un buen hombre sabe dar un abrazo sensible, un beso suave… y también un puñetazo en medio de los ojos… Todo depende del momento y las necesidades.

Es sencillo y tiene clase. Al hombre le interesa ser agradable. Es limpio, es cuidadoso… y silencioso.

Es bueno. No idiota. Es Bueno, porque posee bondad. Tiene un código de ética, un código moral, y se sujeta a él.

Viene en empaque pequeño, delgado, muy delgado, o fuerte, cuadrado, gigantesco; es feo, o atractivo… Hace ejercicio, o no… Pero es firme, se pone de pie muy recto, y ve a la vida directo a los ojos. Es hombre, y lo sabe. Entiende su responsabilidad y le encanta

Y nunca, nunca se rinde.

Nunca.

Nunca.

Se cae… Se lastima. Se aterra… Y duda…

Pero nunca se rinde.

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7 thoughts on “Un buen hombre…

  1. Completamente de acuerdo Jorge, no eres radical, se percibe el grito de honestidad en tu definición. Ese debería ser el perfil de hombres que deberíamos ser y que debemos formar en nuestros hijos y nietos, puesto que, en mi opinión, este hombre que defines, hasta hoy se forma a base del cincel y el martillo de la vida, que le aclaran la vista y la consciencia para desechar toda la basura cultural que vuelcan sobre nosotros, un camino tortuoso pero gratificante.

    Te envío un afectuoso saludo, con mi admiración.

    Héctor Vértiz
    Mindfulness

  2. Quisiera decir que me gusta la definición que se expone pero no sé, hay algo que no me termina de convencer. Quizá se deba al hecho de que se retrata al hombre que solía vivir en los años de 1920 a 1960 y que estaba inmerso en una sociedad que tenía distintos valores pero que también tenía distintas ventajas y privilegios. En aquella sociedad los hombres podían dedicarse a ser caballerosos, a ser buenos hombres porque también su educación estaba orientada a ello, porque el trabajo era bien pagado y porque se enfocaba uno más en la familia y en cumplir con un rol establecido; la sociedad de aquellos días se veía como un todo, como una colmena y era relativamente sencillo integrarse a ese estilo de vida.

    Pero después de las guerras mundiales, la mujer tomó un rol más activo en la vida laboral y con eso empieza el feminismo y la reivindicación de su papel en la sociedad pero también se ve menoscabada la presencia del hombre con este cambio de paradigma. El hombre de hoy ya no puede ser este hombre que aquí se describe porque ya no hay a quien proteger porque las mujeres rechazan en cierta medida su participación. A esto hay que sumarle menos oportunidades laborales y de educación, una sociedad orientada al consumismo y a la apariencia. Y entonces el hombre de hoy vive condenado por su caballerosidad vista como un insulto, por su sexualidad vista como depravación, por su curiosidad vista como soberbia, por su fuerza vista como agresión y por diversos ejes que orillan a estos nuevos hombres a descubrir su papel en la vida y en la sociedad. ¿Cómo lograr ser caballeros y damas cuándo se privilegian los comportamientos fríos y distantes, las banalidades, los preconceptos de éxito y fracaso?

    A mi en lo personal me gustaría ver más hombres conscientes de sus capacidades, aceptando lo que en realidad son y no dejándose llevar por modas. Me gustaría oír menos comentarios del tipo: “¿Cómo puede casarse con la fea si él está bien guapo? ¿Cómo puede ser panadero cuando podría ser modelo?”. Me gustaría que más que caballeros fueran delicados, entendiendo que la caballerosidad parte de la empatía y no por un paradigma de lo que significa ser hombre, me gustaría que los hombres acepten que una también les puede ayudar con su vida, que una también pueda pagar la cuenta. Me gustaría que entonces en esta era del New Age nos reconozcamos más como seres y no como caballeros y damas… Al final, bien dijiste: esta es tu opinión. Y esta es la mía. Espero no haber importunado y no haber incurrido en ofensas, esa no es mi intención, lo que pasa es que me gusta el debate.

    Un saludo afectuoso, Itzel.

    • Itzel,

      Lejos de molestarme, me encanta tu respuesta y me gusta mucho tu análisis de las cosas. Concuerdo contigo.

      ¿Sabes? A mí también me gustaría que hubiera hombres que acepten la generosidad y el cuidado de la mujer; venga en la forma que venga. Ser un caballero nada tiene que ver con evitar que la mujer se encargue de cosas, pague cosas, haga cosas. Ser caballero tiene que ver, para mí, con ser respetuoso del otro hasta la médula.

      Hace tiempo me pidieron que hiciera un artículo como este, pero sobre la mujer. Estuve a punto de hacerlo, hasta que me di cuenta de algo: creo que mis palabras terminan por describir lo que debería ser un buen ser humano, y tal vez no sólo un buen hombre.

      Yo, como parte de este género, a menudo estoy desilusionado con el comportamiento masculino. Me gustaría que fuéramos más… No se. Más. Más genuinamente hombres.

      En fin. Gracias por tus palabras y perdona si he tardado tanto en responder.

      J.C.

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